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lunes, 4 de noviembre de 2013

Colaboracionismo: Relato inédito sobre Gustavo Cisneros (Incluye Video)

Por: Alejandro Peña Esclusa
El miércoles en la noche, en una alocución televisada, el dueño de Venevisión, Gustavo Cisneros, intentó –infructuosamente– rescatar su imagen, severamente golpeada por su apoyo al régimen de Chávez.

 Cisneros argumentó que Venevisión no debía intervenir en la política, sino mantener una posición “imparcial y equilibrada”, dando cobertura a todos los puntos de vista.

Pero desde junio de 2004, fecha en que Cisneros llegó a un arreglo con Chávez, por mediación de Jimmy Carter, Venevisión no divulga la realidad, sino que diariamente la encubre grosera y descaradamente para favorecer al Régimen.

 Este comportamiento fue evidente durante el cierre de RCTV; al punto que muchos televidentes acusaron Cisneros, a través de las redes de Internet, de ser cómplice y principal beneficiario del cierre. Son tantas las críticas y las acusaciones en su contra, que Cisneros se vio obligado a salir públicamente a defenderse.

Considero este momento propicio para relatar una experiencia personal –hasta ahora inédita– que mostrará quién es Cisneros y por qué apoya a Chávez.

El relato comienza en Caracas, en febrero de 1985, cuando un comando armado de la DISIP allanó mi oficina, en ese entonces ubicada en el piso 10 del Edificio Nuevo Centro (Chacao). Horas después me encontraba en un calabozo oscuro, preguntándome qué misterioso crimen habría yo cometido, que ameritaba ese enorme despliegue policial.

 A medida que fueron pasando las horas y los días, supe por los medios de comunicación que mi “delito” había sido colaborar en la distribución de un libro titulado “Narcotráfico S.A.”, que mencionaba a Gustavo Cisneros.

 No hubo explicación, no hubo acusación formal, no hubo juicio. El fiscal del caso, Luis Gregorio Gandica, era hermano de la jueza que ordenó el allanamiento, Ana Luisa Gandica, quien paralelamente trabajaba en una empresa de Cisneros.

 Posteriormente, el libro fue prohibido. Pero lo más impresionante fue la masiva campaña de difamación que Venevisión inició en mi contra. El Informador me acusó durante días, a través de extras y en el noticiero estelar, de ser el dirigente de una “secta que intentó matar al Papa Juan Pablo II en Venezuela”, Tradición, Familia y Propiedad (TFP).

 De ser un connotado deportista y exitoso ingeniero, graduado en la USB, que había decidido ese mismo año incursionar en la política, me convertí en pocas horas, por obra de Venevisión, en un terrorista internacional, asesino de Papas y jefe de la TFP.

 A los pocos días, fui llamado por el Director de Política del Ministerio de Relaciones Interiores, quien amenazó con matarme, si no abandonaba mi actividad política. Desconcertado, pero molesto, no hice caso a la amenaza.

 Meses después, me contactó un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, en nombre de Carlos Bardasano, para proponerme un jugoso “arreglo” con Cisneros, si suavizaba mi línea política.

 Paralelamente, Cisneros ordenó a su bufete de confianza investigar cada detalle de mi vida privada. Al no conseguir ninguna irregularidad que sirviera para chantajearme, y dado que la amenaza y el soborno habían fracasado, Cisneros intentó otra estrategia, basada en la calumnia y en el veto.
 
Edgardo de Castro, de la Organización Cisneros, se dedicó a enviar gruesas carpetas a todas las fuerzas vivas del país (funcionarios gubernamentales, Fuerzas Armadas, Iglesia, gobernadores, medios de comunicación, gremios, etcétera) en donde se decían las cosas más horrendas sobre Peña Esclusa, sin presentar prueba alguna: nazi, antisemita, ultraderechista, terrorista, la supuesta militancia en la TFP y, por supuesto, el atentado –que nunca existió– contra el Papa Juan Pablo II. Además, Cisneros ordenó un riguroso veto en mi contra, extensivo a los principales medios de comunicación nacionales; veto que –increíblemente– prevalece hasta la fecha en muchos medios.

 Cuando Chávez llegó al poder, no tuvo que inventar nada; recogió las calumnias inventadas por Cisneros, amplificándolas al máximo, y añadió lo de “fascista” y “agente de la CIA”. Es decir, las calumnias de Cisneros sirvieron a los intereses del castro-comunismo, al impedirme realizar una labor más efectiva contra Chávez.

 Como puede deducirse, Cisneros nunca ha sido equilibrado, ni imparcial, ni demócrata; está al lado de quien lo beneficie económicamente y, para alcanzar sus objetivos, es capaz destruir a quien sea, utilizando cualquier medio, legítimo o no. Ahora intenta, una vez más, brincar la talanquera, cuando ve que Chávez se derrumba y, junto con él, el propio Cisneros.

 No escribo este relato para desquitarme, aprovechando que Cisneros está desprestigiado, puesto que no le guardo rencor. Paradójicamente, enfrentarme al poder, cuando aún era un joven inexperto, sirvió para fortalecer mi compromiso con el país, con la libertad y con la justicia, sin esperar nada a cambio, ni subordinarme a ningún grupo que pretenda comprarme o amenazarme, incluido Chávez.

 Lo escribo, en primer lugar, para desenmascarar al principal empresario aliado de Chávez; y en segundo lugar, porque aclarar la verdad me ayudará a ser más útil al país, en la difícil coyuntura que se avecina.

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