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jueves, 14 de noviembre de 2013

Basta! No Sigamos Legitimando El Fraude Electoral!!

Las lecciones del 52: no legitimar jamás el fraude electoral
Por: Jesús Antonio Petit da Costa
 
El porqué este régimen todavía existe radica en que no tiene oposición sino comparsa electoral, porque la MUD no aprendió las lecciones que nos dejaron aquellos que fueron líderes de verdad, los que en el 52 estuvieron a la altura de las circunstancias. El tiempo de la comparsa está llegando a su fin.

El 2 de diciembre se cumplirán 61 años del golpe militar con el cual culminó el fraude electoral que desconoció la voluntad popular expresada dos días antes (30-11-52). Ese día, que fue conmemorado en adelante como fecha patria (igual que ahora el 4F), asumió el general Marcos Pérez Jiménez la presidencia provisional. ¿Qué lecciones podemos sacar de lo sucedido en aquel entonces, con vista a su aplicación en la presente hora?

La primera lección es que la oposición sólo debe participar en una elección cuando hay garantías de imparcialidad del árbitro electoral. Si participa sin esta garantía, no es oposición sino comparsa que legitima el fraude. Veamos los hechos: el país estaba bajo una férrea dictadura militar, la cual decidió convocar una Asamblea Constituyente como paso previo al restablecimiento de la democracia. En las elecciones únicamente podían participar los partidos de oposición legales, que eran URD y COPEI. A estos partidos la dictadura militar les reconoció representación en el Consejo Supremo Electoral. Y para mayor garantía de imparcialidad aceptó que lo presidiera una personalidad verdaderamente independiente de merecido prestigio. La imparcialidad del CSE fue la condición fundamental exigida por la oposición para participar, porque en una elección no importa cuántos voten ni por quiénes voten, sino quien cuenta los votos. El que cuenta los votos es el que decide la elección. Aún bajo una dictadura militar férrea, como la de entonces, se puede ganar una elección siempre que el CNE sea imparcial, para lo cual se requiere que la oposición esté adentro y los independientes lo sean de verdad. Si no hay imparcialidad del árbitro electoral, la elección está perdida de antemano. Participar sin esta garantía significa convalidar y legitimar el fraude. Es servirle de comparsa electoral a la tiranía. Ni Jóvito Villalba ni Rafael Caldera se prestaron a servir de comparsas electorales.

Lo anterior quedó comprobado cuando el CSE dio los primeros cómputos que eran favorables a la oposición. Sorprendida con este resultado, la dictadura ordenó cambiarlos a su favor. Habiéndose negado el CSE, precisamente por ser imparcial, la dictadura optó por dar el golpe militar para consumar el fraude declarando ganadores a sus partidarios. Pero para legitimarse le reconoció a la oposición el 40% de los diputados a la Constituyente. Aquí viene la segunda lección. URD y COPEI se negaron a convalidar el fraude electoral renunciando a las diputaciones que les fueron reconocidas, a pesar de la presión ejercida por dirigentes suyos, precursores de la MUD, que alegaron la necesidad de “ocupar los espacios”. Los máximos líderes de la oposición se mantuvieron firmes en su negativa a legitimar el fraude con su asistencia a una Constituyente ilegítima. Su lección, válida 61 años después, es no legitimar nunca el fraude electoral, sino denunciarlo y combatirlo frontalmente. La firmeza de aquella oposición tuvo su premio: estuvo en el poder durante cuarenta años, debiendo esperar apenas cinco para la caída de la dictadura.

Las lecciones del 52 no han sido aprendidas por la MUD. Participa en todas las elecciones que convoca la tiranía comunista, sin exigir la condición mínima: la garantía de imparcialidad del CNE. Sirve así de comparsa electoral, convalidando y legitimando el fraude electoral. Acepta el resultado fraudulento y procede a ocupar los cargos que les reconoce la tiranía comunista a cambio de su legitimación. Y cede a la voracidad burocrática de quienes necesitan un cargo para sentirse líderes. Cuán diferentes a Villalba y Caldera que se robustecieron y elevaron sus liderazgos actuando como actuaron.

En definitiva, la MUD no es oposición sino comparsa electoral. Y el tiempo de la comparsa está llegando a su fin. Como en los bailes de antes, ya se oye el Alma Llanera que anuncia el fin de la fiesta.
 
 
 

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