(ACN).-
Cedice Libertad emitió un comuncado de rechazo del cierre de cadenas de
supermercados y farmacias en Venezuela, que a su modo de ver atenta
contra las libertades econímicas y la propiedad privada.
El Comunicado:
Venezuela
ocupa, junto con Haití, el último lugar entre los países
latinoamericanos que reciben inversiones extranjeras. Las recientes
medidas coercitivas adoptadas por el Gobierno contra Farmatodo,
Farmahorro, Central Madeirense y Unicasa, tienden a ahondar esta grave
situación y a incrementar la desocupación.
Tan pernicioso como es que no fluyan inversiones foráneas es que se alejen del país las que ya estaban establecidas. Importantes firmas transnacionales que habían estado asentadas en nuestro territorio durante decenios y que habían disfrutado, para beneficio de la nación, las ventajas comparativas que nuestra situación geográfica ofrece, tomaron la lamentable decisión de irse a otras latitudes, debido a la hostilidad y al clima de inseguridad jurídica impuestos por el Gobierno.
El
acoso al que el régimen ha sometido al sector privado ha deprimido
sensiblemente la actividad económica. En diez años, de acuerdo con
cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de
empresarios se redujo en 50%, pues pasó de 900.000 a 450.000. Este dato,
que por su enorme carga negativa debería llamar a la reflexión al
Presidente de la República y a sus funcionarios subalternos, no ha
servido para estimular la moderación y propiciar el diálogo con el
sector privado, sino para seguir agrediéndolo con medidas
injustificadas, arbitrarias e inconstitucionales como los cierres
temporales de las empresas mencionadas.
El hostigamiento a la iniciativa particular solo ha traído ruina, recesión y desempleo a los venezolanos. El Gobierno se ha convertido en el principal factor inflacionario y especulativo del país. La inmensa cantidad de bolívares puestos en circulación no ha estado acompañada del debido incremento de la capacidad productiva interna. Este desequilibrio ha empujado los precios hacia el alza. El Gobierno ha intentado paliar la brecha mediante importaciones. La paradoja consiste en que estas adquisiciones se realizan en países donde existen economías de mercado florecientes, como Brasil, en las que los controles y la intervención del Estado es mínima, se resguarda la propiedad privada, se estimula la actividad particular y se respeta el Estado de Derecho.
En
Venezuela la revolución intenta construir una economía empobrecida,
estatizada y colectivista, que ha fracasado en el mundo. Solo con
libertad habrá prosperidad.
Desconocer el derecho a la propiedad privada y cercenar la libertad es inconstitucional y violatorio de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.



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