Así es evaluado hoy, once años después, este régimen grotesco, forajido, destructor y retrógrada. Así lo aprecian. Como los cadáveres en la morgue de Bello Monte, expuestos en la dichosa foto: inertes, desnudos, abotargados. Así es evaluado hoy, once años después, este régimen grotesco, forajido, violento, arbitrario, destructor, ramplón, charlatán y, ahora, además, oscurantista. Impone la censura para ocultar sus tropelías, omisiones, desatinos y las funestas consecuencias de la imposición de una delirante revolución comunista-militarista.
Enemigo de la sociedad democrática, a la que juró pulverizar, arremete nuevamente contra ella. Ahora se desmanda sin tapujos contra el derecho a la información y la libertad de expresión. Cree, erróneamente, que hostigando policial y judicialmente a los medios de comunicación podrá encubrir lo inocultable. Lo que supura corrupción y huele a podrido. Lo que desasosiega. Lo que desalienta. Lo que alarma. Todo eso que el pueblo conoce de sobra, sufre en carne propia y padece día tras día: inseguridad, inflación, desempleo, desabastecimiento, racionamiento de luz y agua, falta de vivienda: basura, deterioro generalizado, colapso hospitalario, insultos, amenazas y expropiaciones. En fin, la sistemática destrucción del país y sus instituciones.
El deslave afectivo (cerro abajo deslizan el desencanto, la indignación, la desconfianza y el pesimismo) que le hiela los huesos (en vísperas de las elecciones parlamentarias) y que el Hiperlíder Sideral atribuye a macabras "tramas conspirativas, desestabilizadoras y golpistas, instigadas y financiadas por el Imperio", es el resultado de su talante-objetivo socialista. Es lo que resulta del bombardeo asimétrico (ideológico) de un tejido social consolidado, valorado, estructurado y productivo y del montaje (a punta de bayoneta) de un Estado paralelo, controlador, intervencionista, restrictivo y, para más señas, ineficiente, dependiente, empobrecedor y corrupto, ergo, podrido.
La devastación del país le pasa factura. Le cobra con intereses en lo que más resiente: popularidad y confianza. Colapsó al país y ahora no sabe ni tiene (dinero) como resolver. Por ello desdeña, banaliza, niega o simplemente se desentiende del caos que generó. Los escándalos mayúsculos (apagones, Pudreval, inseguridad, etc.) cínicamente los endosa a otros: cuarta república, burguesía, oligarquía eclesiástica, medios o el Imperio. El último disparo a la frente de la revolución castrochavista fue la aberrante sentencia (censura) para impedir la difusión de hechos como el secuestro del diputado rojo rojito Carlos Dugarte y su familia. O la encuesta divulgada por Jesse Chacón en VTV: inseguridad, inflación, desempleo y apagones son las mayores preocupaciones de todos los venezolanos.
msanmartin@eluniversal.com


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