Por *Roger F. Noriega
Fuente: IASW
Durante años, el presidente Obama hizo caso omiso mientras el gobierno
de Venezuela destruía la economía y democracia de ese país. Ahora que el
régimen está en una espiral de muerte, Obama podría empeorar la
situación al darle oxígeno a líderes corruptos en Caracas que han
dilapidado al país y lo han transformado de ser un viejo aliado en una
nueva amenaza.
La administración “está trabajando para mejorar las relaciones [con
Venezuela], impulsados por la preocupación de que la agitación podría
desestabilizar la región”, de acuerdo con un artículo de Bloomberg
publicado el lunes describiendo lo que llama “la ofensiva del encanto”.
“Una de las cosas que busca esta estrategia es prevenir que Venezuela se
convierta en “un narcoestado fallido” que “tiene el potencial de
afectar a países en toda la región.”
“Estados Unidos ha dicho muchas veces que le gustaría tener una relación
normal con Venezuela”, dijo el secretario de Estado John Kerry el 20 de
julio. “Y hemos llevado a cabo un esfuerzo para tratar de cambiar el
diálogo …”. De hecho, uno de los asesores de más alto rango de Kerry, el
Consejero del Departamento Embajador Thomas Shannon, se ha reunido con
el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en varias ocasiones desde
abril.
Muchos demócratas venezolanos se sorprendieron cuando Shannon viajó a
Haití en mayo para reunirse en privado con Diosdado Cabello, el
presidente de la Asamblea Nacional que, de acuerdo a varios reportes,
está siendo investigado por fiscales federales de Estados Unidos por ser
un capo de la droga. El año pasado, Cabello literalmente condujo al
líder de oposición Leopoldo López a la cárcel por cargos falsos. Él
también se encargó de despojar a la congresista María Corina Machado de
su escaño en la Asamblea Nacional. El hecho de que Cabello también haya
sido implicado con el tráfico de drogas—lo que afecta la seguridad y el
bienestar del pueblo estadounidense—hace aún más inexplicable que un
diplomático estadounidense de carrera considere a Cabello como un
interlocutor creíble.
Para justificar esta “ofensiva”, funcionarios de la administración han
asegurado a observadores en el Congreso que están presionando para que
se celebren en la Asamblea Nacional; que han abogado por la liberación
de presos políticos; y que están trabajando para evitar un colapso
sangriento del país. Hasta el momento la estrategia ha fallado en todos
los frentes.
Las elecciones se han programado para diciembre, pero el partido
gobernante está cargando los dados al excluir oponentes-incluyendo a
Machado-de la boleta. López y muchos otros líderes de la oposición
permanecen en prisión y la sangre no ha dejado de correr en las calles
de Caracas a causa de un régimen que destruyó la policía profesional,
desmanteló los tribunales independientes y que utiliza la violencia como
arma política. Ninguno de estos problemas se mejorará al apaciguar al
régimen que creó todos estos problemas.
El presidente Obama cita a menudo la idea de: “Si quieres hacer la paz
no se habla con los amigos, se habla con los enemigos”—usualmente sin
darle crédito al héroe israelí Moshe Dayan por ese consejo. El problema
es que el presidente se rehúsa a actuar desde una posición de liderazgo,
lo que tiene el efecto de empoderar a los enemigos de Estados Unidos.
Como resultado, frente a un enemigo más fuerte, él insiste en que no
tiene otra opción más que el desagravio. Algunos dicen que esto explica
la estrategia de Obama en transformar a Irán en un interlocutor más
poderoso en el Medio Oriente. Y esto sin duda describe su decisión de
continuar “una relación normal” con el régimen destructivo y hostil en
Venezuela.
Es hora de que el gobierno de Obama rectifique su política respecto a
Venezuela. El gobierno debe denunciar la represión de Maduro y aglutinar
a vecinos regionales a fin de insistir que se erradique la persecución
política y las elecciones amañadas. Obama debería dejar que los fiscales
hagan su trabajo al exhibir la participación de líderes venezolanos con
el narcotráfico, lavado de dinero y corrupción. El Departamento del
Tesoro de Estados Unidos debe agilizarse para congelar las cuentas de
los secuaces corruptos de Cabello y devolver esos bienes una vez que un
gobierno democrático sea elegido para reconstruir el país.
Diplomáticos estadounidenses deben revelar plenamente lo que nuestras
instituciones de procuración de justicia han descubierto sobre el papel
desestabilizador del narcoestado en Venezuela. Un régimen que ha
sembrado el caos y la corrupción en Colombia, América Central, el Caribe
y México, por mencionar algunos. Es hora de hablar claro sobre la
corrupción desmedida de un régimen que ha saqueado su tesorería y a la
compañía petrolera estatal de Venezuela.
Sí, los gobiernos hacen la paz con sus enemigos. Pero, en este momento,
los Estados Unidos tiene mucho trabajo por delante con sus amigos. En
lugar de salvar a Maduro, Cabello y a sus secuaces nuestros diplomáticos
deben conseguir el apoyo de la región para ayudar a que demócratas
venezolanos decentes puedan recuperar su país.
*El autor fue embajador de Estados Unidos ante la Organización de los
Estados Americanos y subsecretario de Estado adjunto para Asuntos del
Hemisferio Occidental (2001-05). También es investigador visitante en el
American Enterprise Institute y director ejecutivo de Visión Américas
LLC, una firma con sede en Washington, DC que asesora a clientes
estadounidenses y extranjeros.



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