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domingo, 24 de noviembre de 2013

Por qué esto SI es Socialismo






¿Por qué esto sí es Socialismo?

Uno de los “argumentos” más utilizados para criticar el gobierno de Hugo Chávez, y ahora el del ilegítimo Nicolás Maduro, es el de “esto no es socialismo de verdad”. La mayoría de quienes afirman esto son personas que toda su vida han sido de izquierda, “intelectuales” que en otro tiempo firmaron el Manifiesto de Bienvenida a Fidel Castro en el año 1989 y que ahora son acérrimos opositores o, lo que está de moda últimamente, los llamados “progresistas” (que se tildan así para no decir abiertamente que son de izquierda o socialistas). Pero, sin caer en argumentos ad hominem, notamos con preocupación que un considerable número de personas no tiene claro en qué consiste el Socialismo, una de las doctrinas más peligrosas para la libertad humana y que, sin embargo, tiene un efecto propagandístico notable.

A menudo se piensa que todo lo que tenga el adjetivo “social” es bueno y que expresa un carácter “humano”, “comunitario” o de “solidaridad”, contrario al “frío” capitalismo en el que sólo se persiguen los intereses individuales sin pensar en el “prójimo”. Ahora bien, si mantenemos un mínimo de rigurosidad intelectual, y atendemos a las fuentes teóricas del Socialismo, nos encontraremos con lo siguiente. Karl Marx, en la Crítica al Programa de Gotha, afirma que “la emancipación del trabajo [condición necesaria para la implantación de la sociedad comunista que él vislumbraba] exige que los medios de trabajo se eleven a patrimonio común de la sociedad y que todo el trabajo sea regulado colectivamente, con un reparto equitativo del fruto del trabajo"(1). De acuerdo con la teoría clásica de Marx y Engels, es condición necesaria para establecer el socialismo la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción. En la tradición marxista, se ha distinguido entre “socialización” de los medios de producción y “estatización” de ellos; cuando se lleva a cabo la primera, la verdadera propietaria de los medios de producción es “la sociedad”, y no de una manera puramente formal. Sin embargo, como bien señala Mises, una comunidad no puede operar sino a través de órganos a los que han sido confiadas determinadas labores, por lo que en realidad la distinción entre “socialización” y “estatización” es poco relevante, pues un conjunto de personas serían las que, en última instancia, tomarán las decisiones, aunque lo hagan en nombre de la “comunidad”.

Otra de las figuras más importantes del Socialismo, Vladimir Lenin, primer dirigente de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) definió el socialismo como el “traspaso de la tierra, de las fábricas y, en general, de todos los medios de producción a propiedad de toda la sociedad, y sustitución de la producción capitalista por una producción regida por un plan general en interés de todos los miembros de la sociedad”.(2) 

Por otra parte, August Bebel, dirigente socialdemócrata alemán, afirmó que para implementar el socialismo es necesario “instituir una administración que comprenda todo el campo de acción de la  sociedad. Cada municipio constituye desde este punto de vista una base práctica, y allí donde  los Municipios sean extensos que resulte difícil abrazar todos los detalles, se les dividirá en  distritos. Todos los habitantes del Municipio llegados a mayor edad, sin distinción de sexo,  toman parte en las elecciones municipales y eligen las personas de confianza que han de dirigir  la administración. A la cabeza de todas las administraciones locales se coloca la administración central, que, entiéndase bien no será un gobierno preponderante, sino simplemente una  administración encargada de dirigir los asuntos.(3)

Como podemos ver, de acuerdo con estas posturas “clásicas”, el socialismo no es más que el traspaso de los medios de producción a “la sociedad”, esto es, el Estado o como quiera denominarse la administración central que dirija estos asuntos. Así pues, la planificación económica centralizada, la intervención en el mercado y el desprecio a la propiedad privada son característicos del socialismo.

Quienes afirman que en Venezuela “no hay socialismo de verdad”, frecuentemente dirigen su mirada a los países escandinavos, como por ejemplo Noruega y Suecia, porque observan que tienen buenos servicios públicos (en cierta manera, para ellos, “socialismo” es sinónimo de “bueno” y de “servicios públicos”); sin embargo, ignoran, o convenientemente se vendan los ojos, ante las verdaderas causas del crecimiento económico y prosperidad de estos países. Por ejemplo, Suecia ocupa el puesto 18 en el Índice 2013 de Libertad Económica y Noruega el 31, mientras que Venezuela ocupa el puesto 174, uno por encima de Zimbabue, dos de Cuba y tres de Corea del Norte.

Los pocos que admiten que las libertades económicas son indispensables para el desarrollo de un país, no obstante, parecen reticentes a admitir que el actual régimen en Venezuela tiende a mostrar cualidades dignas del “socialismo clásico”, el cual fue aplicado en la URSS. Para evitar manchar su inmaculada palabra “socialismo” deciden, entonces, utilizar el término “fascista” para tildar al gobierno, pues la gente asocia a los “fascistas” y a los “nazis” con la “extrema derecha”; así, evitan la engorrosa situación de admitir que regímenes totalitarios como los vistos en la URSS son de izquierda. De igual forma, argumentan que el modelo político implantado por Chávez tiene fuertes visos de “militarismo” y “nacionalismo”, por lo que, en consecuencia, no se trata de “socialismo de verdad”. Por supuesto que es usual que quienes sostienen esta opinión no comenten nada sobre el uso de la fuerza militar en la URSS o Corea del Norte, perseguidos políticos y gulags.

Pero lo que los “socialistas” o “progresistas” no se dan cuenta es que, en realidad, los regímenes nazis, fascistas y socialistas comparten una característica en común sin la cual no podrían esclavizar a las personas: el control de la economía. En efecto, si bien en la Alemania de Hitler no se abolió la propiedad privada como tal, esta sólo existía “formalmente”, pues era el Estado el encargado de decir cuánto y qué había de producirse. Por otro lado, los socialistas y Hitler compartieron el profundo odio hacia el liberalismo, el laissez-faire y, en general, a todo lo que huela a capitalismo; también es corriente que los progresistas olviden que “nazi” es la contracción de la palabra alemana Nationalsozialismus. El programa político de los fascistas, por su parte, también tenía un carácter abiertamente anti-capitalista y la economía estaba intervenida. En 1933, Mussolini declaró: "hoy podemos afirmar que el sistema de producción capitalista ha sido superado y, con él, esa teoría económica liberal que lo ha iluminado y ha actuado como su apologista (...)".(4)

En una entrevista concedida a Daniel Filmus en el 2009, Hugo Chávez señaló que “en un modelo socialista hay que ir desmoronando, derribando más bien, el paradigma y la cultura creada de un libre mercado y de una mano invisible que todo lo arreglaría al final (…) El mercado tiene que ser un mercado regulado, y no sólo regulado a través de leyes, es el Estado el que tiene que regularlo; ahora, no es el Estado burgués, es el Estado Revolucionario”. Para los escépticos, les dejamos el video a continuación.

                                               https://www.youtube.com/watch?v=tEz3owwwB38


Siguiendo la definición clásica de “socialismo”, esto es, el control de los medios de producción por parte del Estado, y después de haber escuchado las palabras de Chávez, el cual abiertamente señaló que el mercado debe estar regulado, (esto es, una economía intervenida, socialismo) nos preguntamos por qué hay algunas personas que insisten en que “esto no es socialismo”. Es evidente que, en los últimos 15 años, el Estado venezolano se ha apoderado de los medios de producción, bien sea expropiando fábricas u ocupándose de sectores de la economía en los que el Estado no debería jugar ningún papel. Asimismo, el Estado ha socavado la propiedad privada, ha impuesto un fuerte control de divisas que le permite decidir quién tiene dólares y quién no, y ha controlado los precios de alimentos, alquileres de inmuebles, entre otros. Incluso el actual presidente ilegítimo, Nicolás Maduro, ha declarado que el Estado debe centralizar la importación de rubros para evitar la “especulación” y la “usura”. Aun así, la gente sigue diciendo que “esto no es socialismo de verdad”.

Contrariamente a lo que dicen algunos dirigentes “opositores”, el problema político de Venezuela sí es ideológico y, en realidad, no es producto de los últimos 15 años, pues en nuestro país nunca ha habido capitalismo, sino sólo un Estado que se apropia la renta petrolera y se encarga de “repartirla” de acuerdo con sus intereses. Para algunos dirigentes “opositores”, pareciera que “capitalismo” es sinónimo de “riqueza producto del robo”, cuando no se dan cuenta que, teóricamente hablando, en capitalismo debe haber igualdad de condiciones y competencia, y no amiguismos o proteccionismos por parte del Estado hacia unos determinados “empresarios”. En suma, los opositores han creído el cuento de Chávez que dice que la derecha y el liberalismo son malos.

Si la “oposición” venezolana quiere merecer tal título, debe empezar a oponerse ideológicamente a este régimen socialista, y no pretender implantar el mismo modelo fracasado pero con nuevos directores que, supuestamente, sí lo harán funcionar.

Grupo Cóndor Venezuela.
@Condor_Vzla.

BIBLIOGRAFÍA

(1) K. Marx (1875) Crítica al Programa de Gotha. Disponible en: http://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gotha/gotha.htm. Cursivas nuestras.
(2) V. Lenin, Obras completas, Buenos Aires: Cartago, 1958, tomo IV, p. 272.
(3) A. Bebel  Socialización de la sociedad. Disponible en: http://www.kclibertaria.comyr.com/lpdf/l161.pdf Cursivas nuestras.
(4) Citado en A. Lozano, Mussolini y el fascismo italiano, Madrid: Marcial Pons, 2013, p. 220.



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