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jueves, 26 de septiembre de 2013

¿Qué va a pasar con las clínicas privadas en Venezuela?

Por Samir Kabbabe, 20/09/2013

Estimado paciente:

Es posible que usted tenga posiciones contradictorias en relación a la medicina privada. Pero existe la probabilidad de que antes de finalizar el año, no dispongamos de alguna institución médica que pueda ofrecer un servicio confiable y de calidad. Y eso, a pesar de que le aumentan la póliza de seguro que con esfuerzo paga.

Seguramente percibe que los costos de la medicina privada son exagerados. Pero fíjese bien que los centros privados de salud, las clínicas, están permanentemente fiscalizadas por el SENIAT y se conocen perfectamente sus márgenes de ganancias, los cuales rara vez pasan del cinco por ciento. Así que si los precios de la medicina son elevados, no es por la voracidad de los centros de salud, como le quieren hacer ver, sino por muchas otras razones.

La factura de la Clínica

La factura final que emite la clínica, ésa que muestra números que pueden producirle un ataque de apoplejía a cualquiera, es el producto de una larga cadena de comercialización donde justamente el último eslabón lo representa la clínica. Más del cuarenta por ciento de la factura corresponde a material médico-quirúrgico y medicamentos, mayormente importados, pagados en dólares, que se le compran a distribuidores de insumos que ahora los tienen que vender a precio de dólar libre porque no les otorgan los preferenciales, y ese dólar hoy vale cuatro veces más que hace veinte meses.

Otro cuarenta por ciento de la factura lo representan servicios y personal que la clínica paga mucho antes que el seguro cancele. Durante estos últimos veinte meses la inflación acumulada supera una indulgente cifra del sesenta por ciento. Ha habido aumentos de salarios, restricciones en horario nocturno, aumento en número de personal, más impuestos, nuevas regulaciones, necesaria adquisición y actualización de equipos, etc., que han obligado a ajustar los precios.

El porcentaje restante de la factura, corresponde a servicios (agua, luz, mantenimiento, aseo, etc.), impuestos varios (ISRL, alcaldías, ONA, etc.), frecuentes multas por cualquier detalle, intereses que se pagan a la banca por préstamos contraídos para la adquisición de equipos o pagos por servicios a inversionistas dueños de equipos y, finalmente, algunas utilidades, que no todas las clínicas las obtienen todos los años.

Los organismos de Estado saben todo esto. Sin embargo, han decidido regular solo a las Clínicas, sin tocar a los intermediarios en la cadena de comercialización, obligándolas a facturar a pérdida, a precios iguales o más bajos que hace veinte meses, sabiendo que de mantenerse funcionando como lo vienen haciendo hasta ahora, cerrarían sus puertas antes de finalizar el año.

¿Es cara la Medicina?

Sí. En todo el mundo lo es. Nadie se procuraría una póliza de hospitalización si los costos médicos no fueran elevados. El problema de la salud y de la atención médica es responsabilidad del Estado. En nuestro país la Constitución obliga al Estado a una atención médica de alta calidad para todos. Buena parte de los impuestos que pagamos y de los ingresos del Estado deben invertirse en salud, pero sucede que esa inversión es insuficiente, y la planificación, administración y efectividad de nuestros hospitales es, como se sabe, pésima.

Así será de deplorable la eficiencia de nuestros hospitales, que teniendo el 90% de las camas hospitalarias, atienden el 47% de las hospitalizaciones, mientras que el sector privado con el otro 10% de las camas, atiende el 53%.

Otra cifra reveladora de la ineficiencia oficial es que el tiempo promedio de hospitalización alcanza los 18 días, mientras que en el privado no alcanza los 4 días; esa diferencia de 14 días (4,5 veces más tiempo), por supuesto que tiene impacto en lo personal y en lo económico y social y hasta permite concluir que, en igualdad de disponibilidad de recursos, la atención médica en el sector público es mucho más costosa. Queda claro que el sector privado viene complementando en forma importante el sistema de atención médica del país y que viene trabajando riesgosamente a toda capacidad (riesgosamente, hay que decirlo, que si el producto resulta defectuoso, pues, no era una pan canilla ni un uniforme escolar).

La actual ministra de salud ha dicho que el costo de las pólizas de los trabajadores públicos equivale al presupuesto de todos los hospitales. ¿Por qué no invertir ese dinero en los hospitales? ¿Por qué desviar los esfuerzos contra el sector privado? ¿Por qué no obtener apoyo de los centros privados para optimizar las gestiones administrativas de los hospitales públicos? ¿Por qué comprometer la calidad de la atención médica que brindan las instituciones privadas?

¿A quién beneficia la regulación?

Las pólizas del sector público se agrupan en la Alianza Interinstitucional de Salud (AIS) que cubre a trabajadores y beneficiarios de unas 40 instituciones y empresas del Estado, y que han venido obligando a las clínicas a trabajar con precios bajos y a veces a pérdida. Son pólizas de bajas y desiguales coberturas y se agotan a veces con un solo día de hospitalización, por lo que el paciente debe permanecer hospitalizado sin pagador en un indefinido Fondo de Ayuda Social. Pero ahora, por decreto consignado ya en Gaceta Oficial, con la Providencia 294, esos precios regulados son válidos para todas las Compañías Aseguradoras, Fondos Administrados, o cualquier variante, sea público o privado.

Más del 95% de las hospitalizaciones en las clínicas privadas se hacen a través de pólizas de seguros. La regulación beneficia a las aseguradoras, reduce el monto de la siniestralidad, en detrimento de la calidad de atención médica del asegurado. ¿Y quiénes son los dueños de las compañías aseguradoras? Una importante porción de las aseguradoras está hoy en manos de una clase emergente, la llamada boliburguesía, que absorbe un altísimo porcentaje de las pólizas del Estado. Hay también aseguradoras que articulan sus propios centros de salud y obligan a sus afiliados a acudir donde ellos deciden, violando el derecho primario de todo paciente, como es escoger al médico y la institución de su preferencia.

Ahora que baja la siniestralidad por los reducidos costos de las clínicas: ¿cree que le bajarán el costo de la póliza? ¿Será cierto, dadas las experiencias en el país, que la idea es quebrar estas instituciones —las clínicas— para luego comprarlas a precio de gallina flaca? Una cosa es cierta: a los administradores de salud, los financieros del Estado y de las aseguradoras que hablan de medicina detrás de un escritorio y que ven al enfermo y las enfermedades solo como un hecho económico, les conviene una medicina barata. Ellos no sufren al paciente ni le dan la cara al enfermo que necesita respuestas y acciones inmediatas, ni requieren de destrezas médicas, ni tienen un proyecto de vida dedicado a curar y atender los males de los enfermos, ni tienen que ver con las cualidades humanísticas que debe tener todo médico, como la compasión, integridad y responsabilidad.

Qué van a hacer las Clínicas Privadas

Hay dos clínicas de nuestro país que han venido figurando entre los mejores hospitales y clínicas públicas o privadas de Latinoamérica. Con mucho esfuerzo se han mantenido en ese prestigioso grupo, porque se han esmerado en brindar atención de calidad. Esa calidad se traduce en seguridad para el paciente y eso tiene precio. Que en una clínica puedan hacer un transplante de hígado u operar corazón, por ejemplo, indica que debe haber organización y recursos técnicos y humanos de alta calidad; una de esas radiografías o tomografías baratas y de baja calidad comprometen al paciente; unos resultados de laboratorio con técnicas baratas pero con amplio margen de error pueden comprometer la vida del paciente. Un médico, un cirujano siempre pedirá trabajar con el producto de máxima calidad; exigirá, por ejemplo, suturar con las grapas de marca original, luego podrá pasar a usar hasta las imitaciones chinas de calidad dudosa, pero que le han asegurado que “se parecen igualitas”, pero, ¿acaso podrá usar algunas de origen no conocido y finalmente hasta pabilo? Es distinto operar un tumor cerebral con radiofrecuencia, con muy bajo riesgo de secuelas y con muy rápida recuperación, que operar a través de una craneotomía con alta probabilidad de quedar lisiado. Es distinto contar con una enfermera para atender tres pacientes que una enfermera para diez. Reducir costos al punto de aumentarle riesgos al paciente es la antítesis de los valores de la medicina y no solo es antiético sino que puede resultar criminal.

¿Puede un médico con experiencia, responsable, íntegro, identificado con su paciente, someterlo a riesgos innecesarios? ¿Puede una institución médica someter a sus usuarios, a quienes se debe en su misión, a riesgos ya conocidamente superados, sólo por abaratar costos y evitar la quiebra y la desaparición como empresa?

Los médicos y las instituciones médicas estamos en estado de pánico.

Estamos en pánico porque se compromete la calidad de la atención médica. Todo médico utiliza los recursos que tiene a mano para beneficiar a su paciente. Puede pecar en sobreuso, pero es peor que se complique o fallezca un paciente por no haber utilizado recursos disponibles. Puede haber casos en que se sobre-utilicen los recursos con intenciones mercantilistas, pero la falta de un Estado estructurado y de instituciones que le pongan reparo a esas desviaciones, jamás puede implicar que pueda destruirse lo bueno que tenemos. Aquí el objetivo de la regulación es para beneficio de los hoy aliados financieros de las aseguradoras emergentes y los cerebros financieros del Ministerio de Salud que tienen como premisa ideológica que “el colectivo está por encima del individuo”, relativizando los derechos individuales en nombre de un supuesto colectivo, concepto que nos convierte en masas beneficiadas por limosnas del Estado, dejando de ser individuos únicos e insustituibles y con derechos. Y la Constitución establece una atención médica de alta calidad y para todos.

¿Qué corresponde hacer a los médicos?
El Estado tiene la responsabilidad de regular la actividad médica, pública y privada, para beneficio del ciudadano, por supuesto que sí; pero también debe invertir los recursos necesarios, elevar la calidad de la atención médica, establecer los estándares de calidad a los hospitales y clínicas y exigir que se cumplan las normas de buena práctica médica. Para eso se requiere de un Estado con talante democrático que no relativice los derechos de cada individuo. Y también se requiere de una sociedad viva, de ciudadanos involucrados. Hay que escuchar, incorporar y dar vigencia también a los sectores académicos (universidades, sociedades científicas, academias), como también a los gremios médicos y al principal actor, por supuesto, que es el usuario.

Qué nos corresponde hacer a los médicos cuando hay abandono de la medicina pública y hay cercos cada vez mayores al sector privado, con regulaciones inconsultas y arbitrarias, contracción económica, inflación, desabastecimiento, restricción de divisas, etc.

Nos toca defender la verdad y hacérsela entender a nuestros aliados y nuestros usuarios, sean de la AIS o de los seguros privados. Necesitamos insistir en que haya relaciones transparentes y confiables con las aseguradoras, los proveedores de materiales y medicinas y toda empresa de servicio conexa (algunos deberán optimizar sus estructuras de costos). Lo contrario será desaparecer todos en conjunto o bajar a un nivel mediocre y peligroso que no merecen nuestros enfermos. Internamente, en nuestras instituciones nos corresponde no solo resistir, sino profundizar en la cultura del servicio y la excelencia, intentando mantener tecnología de punta ofrecida a tiempo, diligente y centrada en el enfermo, en forma efectiva y segura, con valores de integridad, responsabilidad, transparencia y vocación. Y con nuestros pacientes, cultivar una relación fundamentada en la mutua confianza y honestidad, y promoviendo el respeto y defensa de la dignidad de la persona.

Los médicos sabemos atender enfermos y enfermos nunca faltarán; siempre tendremos algo que hacer por ellos. Pero la medicina no le pertenece a los médicos, sino a todo individuo y persona enferma y a todos los sanos que sabemos que nuestro cuerpo es intrínsecamente vulnerable y finito, y que cuando necesitemos de respuestas y soluciones por problemas de salud, no queremos ser tratados bajo tabuladores de financieros pendientes de sus ganancias y ahorros y que nos quieren imponer la fría máxima de que quien paga decide.

Ahora, usted, mi estimado paciente, ¿qué hará?

http://prodavinci.com/2013/09/20/actualidad/que-va-a-pasar-con-las-clinicas-privadas-en-venezuela-por-samir-kabbabe/

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