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lunes, 1 de julio de 2013

Nada es más frustrante que sufrir solos una injusticia

 
 Héctor José Rovain, ex funcionario de la Policía Metropolitana. (Foto El Carabobeño)

Carta del ciudadano Héctor José Rovain, ex funcionario de la Policía Metropolitana sentenciado a la pena máxima de 30 años por homicidio calificado frustrado, o sea por lesiones, pese a que el Código Orgánico Procesal Penal tipifica el homicidio frustrado de 7 años como máximo. Lo hicieron sin ninguna prueba que me incriminara. ¡¡¡Que Dios tenga misericordia!!!
Es un hecho público, notorio y comunicacional todo lo acontecido el 11 de abril del 2002, donde algunos funcionarios lo que hicimos fue resguardar el orden público y salvar vidas, debido a la gran multitud de personas en el centro de Caracas. 

Fui imputado por trabajar por parte del Ministerio Público, presentándome voluntariamente a la Fiscalía y al Cicpc para las respectivas investigaciones y declaraciones, en las que indiqué que el 11 de abril del 2002 mis actuaciones fueron las siguientes, como de costumbre: llegar temprano a mi lugar de trabajo, a las 6:00 de la mañana. Como a las 8:00 am me le presenté al comisario Vera Gabriel Arcángel y le pedí permiso para trasladarme al estadio Brígido Iriarte, en El Paraíso, ya que me correspondía la prueba de aptitud física para el respectivo ascenso a la jerarquía inmediata superior. Pasé toda la mañana en ese recinto, finalicé aproximadamente a las 11:30 am. 

De allí pasé a la Dirección de Orden Público en Cotiza para el respectivo aseo personal. Cuando salí del dormitorio me percaté de que todos los funcionarios se encontraban en la calle debido a una marcha que se llevaba a cabo. Iba saliendo la unidad tipo ballena, le pregunté a los funcionarios para dónde se dirigían y me informaron que les dieron instrucciones de pasar a la Plaza Las Tres Gracias, adyacente a la Universidad Central de Venezuela. Me subí a la unidad y pasamos al lugar. Se encontraban alrededor de 50 encapuchados quemando carros y efectuando disparos a los funcionarios. 

Una vez controlados, como a las 2:00 pm, nos indicó el comisario Gabriel Vera que pasáramos al centro de Caracas, debido a que la marcha de Chuao rebasó y ya estaba en la esquina de Escalinata, detrás del Liceo Fermín Toro. Nos dirigimos allá, llegamos por la plaza Miranda y nos ubicamos cerca del liceo. Debido a la cantidad de gente, la Guardia Nacional actuaba por el frente del liceo. Como de 2:30 a 3:00 pm. pidieron apoyo para la avenida Baralt, esquina de Pedrera, ya que los manifestantes también querían subir por allí, donde se encontraba un funcionario herido en la esquina de Muñoz. Pasamos tres ballenas y el rinoceronte porque había reportes de muchos disparos y muchos heridos.

Una vez en el lugar empezamos a recibir disparos que venían de arriba de la esquina de Muñoz hacia la esquina de Pedrera. Realizamos un bloqueo tipo colchón con los camiones. Recibimos impactos de balas por todos lados, utilizamos gas lacrimógeno y agua para dispersar. Durante un gran tiempo subimos hasta donde se podía para hacer retroceder a una gran cantidad de pistoleros, alrededor de 60, ya que había una gran cantidad de heridos y fallecidos de la marcha de Chuao, que eran trasladados a los diferentes hospitales. Mi vehículo recibió muchos impactos de proyectiles, astillándose el parabrisas alrededor de las 4:30 pm. 

Informé por la radio que me retiraba del lugar debido a que uno de los cauchos delanteros había sido alcanzado por un proyectil y se estaba espichando. Me retiré hacia una cauchera en La Hoyada, detrás de la Comandancia de los Bomberos. Allí fui atendido por el dueño y los empleados que efectuaron la reparación bastante tarde y sacaron un proyectil, que fue consignado en el Cicpc, quienes fueron testigos y asistieron al tribunal, donde corroboraron lo antes escrito. Posteriormente me dirigí a la sede de orden público en Cotiza. 

Equipo que utilicé: Gas lacrimógeno Agua Escopeta calibre 12 Cartuchos plásticos y portaba mi arma de reglamento Magnun 357. 

Pasado un año de los sucesos, el 21 de abril del 2003 fui privado de libertad por la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial del Estado Aragua, ya que en Caracas varios jueces negaron la privativa de libertad, porque no existían suficientes elementos de convicción, y lo radicaron a Maracay. Allí el primer juez, de apellido Digregorio, dijo que no había tampoco suficientes elementos. Fue destituido de su cargo. Procedió la Corte de Apelaciones y comenzó nuestro calvario, hasta el sol de hoy. 

Después de tres años sin juicio, pese a que el Código Orgánico Procesal Penal es explicito y dice que dos años son suficientes para realizarlo, seguían las violaciones a los derechos humanos. Luego comenzó el juicio, que duró tres años viajando de Caracas al estado Aragua. Todos los días se convocaban y suspendían audiencias. ¡Muy duro! 

Durante el juicio, que fue plasmado en actas, no se presentó ninguna prueba ni testimonio que me incriminara, ya que los dos muertos que me imputaron fallecieron por armas largas, calibre 5.56 mm. y los heridos por armas 9 mm. y yo no portaba esos calibres, lo que prueba que soy inocente. No se tomaron en cuenta mis atenuantes, ni mis declaraciones. El experto en balística del Cicpc que declaró en el juicio y el jefe del equipo multidisciplinario que llevó la investigación, dijeron que ninguna arma de los funcionarios de la Policía Metropolitana estaba relacionada con ninguno de los dos muertos, ni heridos. Igual fui sentenciado como “chivo expiatorio”, sentencia que no firmé porque soy INOCENTE. 

Quiero acotar que la sentencia por ningún lado dice que fue por delitos graves a los derechos humanos, ni delitos de lesa humanidad. 

Para la fecha tengo 10 años y dos meses privado de libertad. Ya me corresponden las fórmulas alternativas de cumplimiento de pena, plasmadas en la sentencia. Tengo derecho al régimen abierto por haber cumplido una tercera parte de la pena impuesta, que son 10 años. 

Presenté mis exámenes psicosocial, criminólogo, el del trabajador social y médico integral, que practica la Unidad Técnica de Apoyo al Sistema Penitenciario. El pronóstico fue favorable. 

¡Por amor a Dios! Por favor, denme lo que me corresponde y no sigan con esta maldad. No se está exigiendo algo fuera de la ley, sino lo que está plasmado en ella, es un derecho constitucional. 

Muy pocas situaciones de la vida son más frustrantes que sufrir solos una injusticia y pasar desapercibidos. Los sentimientos de atropello demandan justicia, la indignación exige más justicia, la desesperanza le implora consuelo al cielo, la soledad clama por ser oída, mientras es observada por un mundo indiferente. En estos momentos sombríos y dolorosos, el silencio del cielo puede ser ensordecedor. Si esta es mi experiencia actual, tengan la seguridad de que en esto no estoy solo. El Señor ve efectivamente mi sufrimiento y no permitirá que quede sin respuesta. Él verá que se haga justicia, aunque quizás no en el momento o de la manera que nosotros preferimos. La agonía que estoy sufriendo, aunque sea avasallante, no será un desprecio. ¡¡Esta experiencia puede ser el medio por el cual Dios traerá sus mayores bendiciones!! 

El 7 de junio del 2013 falleció mi hermosa madre, Ildefonsa Rovain, a la edad de 72 años. Partió con el Señor sin poder verme en libertad. Qué tristeza más grande y qué pecado. 

¡¡Le pido a Dios Todopoderoso que me llene de fuerzas y fortaleza!! 

Dios bendiga a mi familia y a Venezuela. 

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