FOTO EFE
La espiral de violencia política que vive Venezuela está alimentando un explosivo cóctel de rencor y belicosidad que pone cuesta arriba el camino del presidente Nicolás Maduro cuando apenas lleva tres semanas de Gobierno.
A pesar de que un evento de magnitud no se ha dado, la tensión
amenaza con desbordarse con consecuencias imprevisibles en un país
repleto de armas en manos de civiles.
Consciente de ello, el heredero del fallecido Hugo Chávez ha
prometido diálogo, pero Venezuela luce hoy más polarizada que antes y
desde Estados Unidos al Vaticano y diversas naciones de Sudamérica le
han solicitado tolerancia, a lo que él ha respondido pidiendo que saquen
sus narices del país.
“Es difícil ignorar los recientes titulares de creciente tensión
política y los brotes de violencia abierta entre la oposición y los
chavistas”, dijo Siobhan Morden, responsable para América Latina del
banco de inversión Jefferies.
“El riesgo político es mucho más alto en la era post-Chávez y la
tensión continuará por una débil administración de Maduro que no puede
controlar a las facciones radicales. La tensión política es el nuevo
paradigma de un gobierno débil”, agregó.
Las alertas sobre el futuro del país con la mayores reservas de crudo
del mundo llevaron a agencias calificadoras de riesgo como Standard
& Poor’s a bajar la perspectiva para la deuda soberana, citando el
estrecho resultado en los comicios presidenciales y el aumento de la
incertidumbre política.
En medio de acusaciones de fraude tras las votaciones del 14 de
abril, los choques entre el oficialismo y la oposición dejaron ocho
muertos y una decena de diputados heridos, un condimento más a la tensa
convivencia entre simpatizantes de Maduro y de su rival electoral,
Henrique Capriles.
La maquinaria comunicacional del Gobierno socialista culpa a la
oposición de promover la violencia para fraguar un golpe de Estado,
mientras que algunos medios cercanos a la oposición denuncian a lo que
califican como un “régimen ilegítimo” que quiere imponer su versión por
la fuerza.
“Ha brotado una corriente de derecha fascistoide
contrarrevolucionaria muy peligrosa para la vida política, no sólo de
Venezuela, sino también del resto de la región”, dijo Maduro en Uruguay
durante una reciente visita.
El debate político en Venezuela se ha reducido a un cruce de dimes y diretes con Maduro acusando y Capriles retrucando.
“El mundo ha podido ver todas mis declaraciones y no hay una sola
palabra mía que signifique llamar a la violencia o a la confrontación
entre hermanos”, se defendió Capriles, quien aún no reconoce el triunfo
electoral de Maduro.
Sin embargo, los vecinos de La Limonera, un complejo de 430
apartamentos sociales creado por Chávez para albergar a familias de
escasos recursos en el sur de Caracas, piensan distinto.
Allí, sus habitantes intentan recomponerse del miedo que se ha
apoderado de sus vidas tras la violencia post electoral que dejó dos
muertos en su zona.
“Yo no tengo nada en contra de la oposición, pero después de que
mataron a mi mamá, ¿tú crees que le puedo tender la mano a uno de
ellos?”, se preguntó Yonylexis Reyes, hija de Rosiris del Valle, una de
las víctimas de La Limonera.
Según sus familiares, del Valle falleció luego de que un puñado de
opositores emboscó y disparó a un grupo de chavistas que había acudido a
defender un centro de salud contiguo que estaba siendo asediado por
anti-chavistas.
Una de las balas mató también a José Luis Ponce, carpintero, padre de
seis y dirigente sindical de 45 años, según sus familiares. Durante su
velorio, testigos contaron que hirieron a otro vecino de La Limonera de
un disparo que provino de una urbanización cercana poblada mayormente
por opositores.
Tras los enfrentamientos, decenas de motoristas y un pequeño
contingente del Ejército patrullan el lugar adornado con carteles de
“Capriles asesino” y que está rodeado por edificaciones de clase
media-alta.
MUCHAS VERDADES
El 19 de abril, cuando Maduro se juramentaba como presidente electo,
otro vecino de La Limonera, Johny Pacheco, fue hallado muerto luego de
recibir cuatro disparos que sus familiares dijeron se los propinaron
tras resistirse al robo de su auto.
Pero el ministro de Información, Ernesto Villegas, negó esa versión.
“Acaban de asesinar a otro de los defensores del (centro de salud) CDI
de Piedra Azul (…), le dispararon en la cabeza sin robarlo”, dijo.
Otras seis personas fueron asesinadas en Venezuela mientras
celebraran el triunfo de Maduro, aunque para los medios privados las
víctimas fueron resultado de la alta criminalidad que aqueja al país y
que el año pasado cobró la vida de más de 22.000 personas según fuentes
privadas y de 16.000 de acuerdo al Gobierno.
En cualquier caso, Venezuela es el país sudamericano con la mayor tasa de asesinatos por habitante.
Por los hechos violentos, las fuerzas del orden detuvieron
recientemente durante algunas horas a 242 manifestantes opositores en
todo el país y diputados han denunciado que 70 de ellos fueron
obligados, en prisión, a ponerse gorras y cantar consignas a favor de
Maduro.
Los arrestos más sonados fueron el del estadounidense Timothy Tracy y
el del general retirado venezolano Antonio Rivero, quienes fueron
acusados de querer desestabilizar el país. http://goo.gl/jhQ2E
Rivero permanece preso desde el 27 de abril y desde ese día mantiene
una huelga de hambre para exigir su libertad que, según su hermano, ha
deteriorado rápidamente su salud.
Tracy, por su parte, sigue detenido acusado de espía, mientras sus
familiares y amigos aseguran que estaba en Venezuela grabando un
documental sobre el chavismo. Su caso ha tomado vuelo internacional y
hasta el propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha dicho que
es “ridículo” pensar que su conterráneo es un espía.
“¿FRACTURA O FRAUDE?”
La violencia que se inició en la calle se diseminó la semana pasada
hasta el hemiciclo de la Asamblea Nacional, donde una furibunda gresca
dejó siete diputados opositores y cuatro oficialistas heridos.
La mayoría del Congreso, presidido por el presidente del partido
oficialista, Diosdado Cabello, negó por segunda sesión consecutiva el
derecho de palabra a la oposición hasta que no reconozca a Maduro como
Presidente.
Ante ello, los opositores desplegaron una pancarta donde se leía
“golpe al Parlamento”, lo que desató la furia de los oficialistas que se
abalanzaron sobre sus adversarios.
Las cámaras de televisión que transmitían la sesión enfocaron el
techo del hemiciclo durante la trifulca, pero los teléfonos móviles de
los asistentes grabaron lo ocurrido.
La golpiza dejó al opositor Julio Borges con una fractura en el hueso
maxilar y el ojo izquierdo morado, mientras que su colega María Corina
Machado tuvo que ser operada tras una fractura cuádruple en la nariz.
Rápidamente, el Gobierno culpó a la bancada opositora de planear la
violencia y como prueba emitió una cadena de radio y televisión donde,
durante siete minutos al son de una melodía tragicómica, se ve a los
opositores revisando sus correos, conversando, tocando pitos y, sólo a
uno, lanzando una silla. http://goo.gl/fV4PH
Y esta semana, los medios estatales lanzaron un micro intitulado
“¿fractura o fraude?” donde tratan de demostrar que la diputada Machado
no sufrió una fractura nasal. http://goo.gl/lM4NQ
El pleito traspasó las fronteras venezolanas y países que días atrás
apoyaron a Maduro ante los reclamos de fraude de Capriles, hoy
parecieran menos proclives a sus desplantes.
Voces desde España, Perú, Colombia, Uruguay y hasta de Obama le han
solicitado mesura a Maduro, pero el ex chofer de autobús de 50 años
calificó los pedidos como injerencia.
Sin las robustas finanzas bajo las que Chávez cimentó su popularidad,
el inicio de Maduro como el “primer presidente chavista” luce más
brumoso que el mes pasado.



0 comentarios:
Publicar un comentario
Haga su comentario