Se
siente uno mal al escuchar el chiste de moda: "¿quién llegará primero
al millón de barriles diarios: Venezuela o Colombia?" Regreso de una
jornada intensa en Cartagena, donde una vez más evidencié la tragedia de
Venezuela. Todas las empresas del mundo
estaban allí reunidas para intercambiar ideas sobre proyectos,
inversiones, asociaciones y porvenir. Los inversionistas interesadísimos
en Latinoamérica, pero a la pregunta sobre qué países evalúan para sus
inversiones, Venezuela ni siquiera aparece de última en las respuestas,
somos totalmente ignorados y se nos ve con ojos que traslucen un
sentimiento de condescendencia mezclado con lástima.Escuchar a los funcionarios colombianos es un deleite. Se palpa el profesionalismo, la mística y la emoción de sentirse facilitadores de una experiencia de desarrollo admirable. Los planes son ambiciosos e implican inversiones mil millonarias que estimularán el progreso, ya que van desde la construcción de ciudades enteras hasta la demanda de todo tipo de bienes y servicios que motorizan economías, generando nuevos empleos y produciendo bienestar social.
Arruga el corazón escuchar sobre los contratos que están firmando y la legislación aprobada, ya que eso es exactamente lo que nosotros comenzamos a hacer (pero abortamos en el camino) hace más de veinte años. Si hubiéramos mantenido los planes de 1990, hoy Venezuela estaría produciendo ocho millones de barriles diarios colocados en mercados cautivos y todas las empresas del mundo tendrían oficinas en nuestras ciudades. Colombia hoy es el espejismo de la Venezuela que perdimos. Abandonemos el espíritu autodestructivo de esta época tenebrosa. Demostremos al mundo que los venezolanos somos dignos de respeto y seamos campeones del renacimiento. El tiempo es implacable.
jcsa@petroleoyv.com / @jcsosazpurua


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