Fuente: The
Economist
Traducción: LaPatilla.com
Via: http://aserne.blogspot.com
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| Chávez y Makled |
Los
opositores del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, están esperando
ansiosamente el juicio de Walid Makled, empresario extraditado de Colombia hace
cinco meses. Antes de que él fuese enviado a casa para enfrentar cargos de
tráfico de drogas, el señor Makled se jactó de que había “comprado” a 15
generales venezolanos, el hermano del ministro del Interior y cinco legisladores,
con un costo de nómina de un millón de dólares mensuales. Descrito por un
abogado de Estados Unidos como un “rey de los capos”, el señor Makled es
buscado en Nueva York por el envío de toneladas de cocaína procedente de
Venezuela. Como prisionero de los servicios de seguridad de Chávez, el señor
Makled se ha quedado en silencio. El juicio, que comenzará pronto, puede o no
puede ofrecer más revelaciones.
El
presidente dice que las acusaciones del Sr. Makled forman parte de un complot
de los Estados Unidos que lo quiere socavar. Desde que echaron a la DEA en
2005, el gobierno de Chávez insiste en que está interceptando más cargamento de
drogas. Pero sus propias cifras muestran una caída de casi la mitad de la
cocaína incautada entre 2005 y 2010. Las Naciones Unidas dicen que Venezuela es
la fuente de más de la mitad de la cocaína incautada en el mar rumbo a Europa.
Funcionarios estadounidenses dicen que más del 90% de las aeronaves que
transportan la cocaína colombiana despegan de Venezuela.
Las
autoridades venezolanas culpan de todo esto a la geografía, y señalan que su
país se encuentra junto a Colombia, el mayor productor mundial de cocaína.
Tarek El Aissami, ministro del Interior, dice que desde que la DEA salió de
Venezuela ha detenido y entregado a otros países 69 traficantes de alto nivel,
muchos a los Estados Unidos. Sin embargo, el negocio sigue en auge.
Makled
acusó a las Fuerzas Armadas de operar cuatro o cinco vuelos de drogas desde la
frontera con Colombia a Centroamérica. Dos de los generales ya estaban en la
lista negra del Departamento del Tesoro por su presunta complicidad con la
guerrilla colombiana en el tráfico de drogas. Este mes, un tercer general,
también nombrado por el señor Makled, se unió a ellos: Cliver Alcalá, jefe de
la guarnición de Valencia. Venezuela rechazó esto como “una expresión más del
carácter imperial y arrogante” de los Estados Unidos.
La
sospecha de la complicidad del gobierno de alto nivel en el tráfico de drogas
se ha agravado debido a la confusión oficial sobre un incidente ocurrido en
agosto en el que una avioneta aterrizó en una carretera de la costa en el
estado occidental de Falcón. El jefe de la policía de Falcón dice que sus
hombres respondieron a una llamada de emergencia y fueron emboscados por el
CICPC. Después de dos semanas contradictorias en las declaraciones oficiales,
Chávez admitió que el avión había despegado desde el aeropuerto militar de
Caracas. La operación, dijo, había sido una “entrega vigilada”: es decir los
agentes se hicieron pasar por traficantes para atrapar a los verdaderos
criminales. Pero ¿quiénes son?
Las
únicas personas detenidas por el caso son cinco policías, tres civiles
(transeúntes, dicen sus abogados) y un sargento de la guardia nacional. Los
medios de comunicación venezolanos han revelado que la policía de Falcón sí
respondió a una llamada de emergencia, y que ninguno de los policías detenidos
tiene un estilo de vida que sugiere ingresos del tráfico de drogas.
Mientras
tanto, ninguno de los funcionarios de alto nivel nombrados por el señor Makled
se encuentra bajo investigación. Las autoridades venezolanas tienen ahora dos
oportunidades distintas para mostrar en la corte su compromiso para frenar el
tráfico de drogas sin temor ni favoritismo. Parece improbable que los tomen.



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