Por ANGEL SANTIESTEBAN-PRATS*
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- ¿Quién podría haber pronosticado que el vicepresidente cubano Carlos
Lage, el “mayordomo” de Palacio, quien desde su juventud dedicó sus
denodados esfuerzos a cumplir sumisamente con toda injusticia y política
maquiavélica de Estado que se le ocurría a Fidel Castro, sería
defenestrado de manera tan humillante y burlesca?
Sólo un conocedor de la sicología e ideología de un dictador como
Carlos Alberto Montaner pudo, casi profetizar, tamaña locura sin que
tuviera que esperar el entierro del “líder”. – Leyendo su libro Conversación en los funerales del Comandante. ¿Qué ocurrirá tras la muerte de Fidel Castro, desde las primeras páginas pude reconocer una realidad que fue vaticinada por el autor varios años antes de que sucediera.
Apenas unos meses después que llegara Raúl Castro al poder, se
cumplió el vaticinio y Lage fue expulsado indecorosamente de la élite
del Gobierno. Y, semanas después, a pleno medio día, con más de 34º C,
pude ver a nuestro personaje, alguien diría “arrojado a los leones”,
caminando, casi con asfixia, por la Plaza Roja de la Víbora (miren
ustedes que ironía el nombre del lugar). Era uno más en la muchedumbre.
Su camisa a cuadros, de marca elegante y costosa, estaba completamente
sudada… Aún no sé definir si fue lástima o satisfacción lo que sentí por
aquel evaporado “grano de sal”.
Siempre me he preguntado cómo Fidel Castro se olvidó de unos jóvenes
que él mismo concibió. Algunos eran niños cuando llegaron a sus manos
y, como alfarero, los formó a su imagen y semejanza, y después ni él
mismo los pudo soportar. Les resultaron aborrecibles, sin decoros, con
falta de humanidad, y, ante sus ojos, se parecían tanto a él que se
convirtieron en iguales de peligrosos. Los hermanos gemelos Tony y
Patricio La Guardia, en el año 59 eran jóvenes que no sobrepasaban los
veinte años. Él los hizo tal y como fueron, eficientes Generales de sus
cuerpos élites. Y luego a uno de ellos lo fusiló y al otro lo hizo
cumplir varios años de cárcel. ¿Qué pensarían de Fidel Castro los padres
biológicos de Tony y Patricio, al recordar cuando ellos se los
entregaron, seguramente confiados, sanos de mentes y corazones? ¿Cuánto
dolor habrán padecido esos padres al sobrevivir a la muerte de uno de
sus hijos y soportar la humillante cárcel del otro?
Eso me hace recordar la anécdota que cuenta el Comandante Benigno, de
aquel joven de 14 años que una pareja de campesinos le entregaran a
Fidel una noche que visitó su bohío, allá en el más profundo paraje de
la Sierra Maestra. “Se lo damos -le dijeron aquellos ancianos- porque es
nuestro único tesoro, lo concebimos en la vejez y no queremos que el
ejército de Batista lo aliste a la fuerza y nos lo mate”. Pero quizá más
valía malo conocido que bueno por conocer.
Fidel se lo entregó a Camilo Cienfuegos que iba con él aquella errada
noche para los ancianos, y para el joven, por supuesto. Poco tiempo
después el adolescente, una madrugada, robó una lata de leche
condensada. Al ser descubierto, Camilo le envía un mensaje a Fidel
pidiéndole un consejo sobre qué correctivo imponerle. Y Fidel le
respondió tajante: “fusílalo”. Camilo, sorprendido, le vuelve a enviar
otro mensaje diciéndole que es el joven entregado por los ancianos, y que robó una lata de leche condensada. Y Fidel, con ese impulso gélido que lo caracteriza le vuelve a responder: “Ya te dije que lo fusilaras”.
Las preguntas son mi gran tortura porque siempre quiero entender a
los demás, aunque no comparta sus sentimientos ni sus actos. Pero, ¿no
fue un acto de cobardía de Camilo Cienfuegos ejecutar la orden cuando él
no compartía el criterio, máxime que estamos hablando de la vida de un
adolescente? Y en cambio, cuenta Benigno, el Comandante Camilo se ocultó
en las letrinas para no presenciar el fusilamiento. Tal vez el lugar
que encontró en aquel momento fue el más adecuado a sus sentimientos.
Pero volvamos al libro de profecías de Montaner. Por ser cáustico,
pronosticó que, una vez desaparecido Fidel Castro, el “Grupo de apoyo al
Comandante”, tendría que hacer una alianza para sobrevivir, ya que su
peso político se desvanecería, pues apenas tenían anclaje en las
Instituciones.
¿Y qué sucedió con los jóvenes “talibanes”?
Raúl Castro, sin dar tiempo a que la ausencia del hermano diera paso a
esa “alianza” política, los cazó uno a uno y los fue deponiendo y
expulsando indecorosamente como piedras en el zapato: Felipe Pérez
Roque, Otto Rivera, Hassan Pérez, Juan Contino Aslan y Carlos Manuel
Valenciaga. Y como no podía ignorar al Ministro de Cultura Abel Prieto,
le suprimió el poder político, para mantenerlo como “domador de leones”,
frente al conflictivo y volátil sector intelectual, ¿hasta que
encuentre a la persona idónea para sustituirlo? Y si miramos más atrás,
comprenderemos que ha sido un proceso de continúa defecación política:
Luis Orlando Domínguez, sancionado a varios años de prisión; Roberto
Robaina, que provenía del la FEU y la UJC, y quien fuera Ministro de
Relaciones Exteriores; Humberto Rodríguez, presidente del INDER; el
General Abrantes, cuya muerte en prisión aún es un misterio por
esclarecer. No olvidemos al General Ochoa, “Héroe de Cuba”, al que
también le hizo morder la pólvora en el paredón de fusilamiento.
Al final, sus séquitos no han sido más que títeres que exponen la
imagen y sacrifican sus cuerpos, sus manos cumplen el designio del
cerebro que las maneja, el que realmente traza la política y obtiene los
beneficios.
Tan cierto es que esos nombres ocuparon por años los espacios
mediáticos de la oficialidad, como que hoy nadie los recuerda. Ese es el
pago por ser parte del Gobierno, sin hacer respetar sus criterios, ni
mucho menos lograr que prevalecieran ante cualquier especulación errada
del Comandante u otro de la cúpula sagrada del Gobierno, y que el pueblo
los identificara como defensores de su estándar de vida. Sólo
cumplieron ordenes, jamás lograron sus sueños políticos, salvo chupar la
teta del poder y aceptar cien por ciento todo lo sugerido por el Máximo
Líder. La historia recogerá, en algún momento, a esa caterva de
talibanes como parte del engranaje diabólico del sistema imperante en la
Isla.
¿Qué queda de los viejos Comandantes?
Cómo diría mi vecino: “sólo los cascos y las malas ideas”. O como
escribe Montaner, “Ancianos y achacosos, atados a la antigua leyenda de
la Sierra Maestra”. Algunos de ellos, los que aún se mantienen
respirando en esa muerte aceptada, resignados a consumir los beneficios
de la revolución, asisten a los actos oficiales para dar una imagen de
falsa unidad. A cambio seguirán viviendo como millonarios en un país
sumergido en la mayor pobreza de su historia. Ante los ojos del pueblo
viven en suntuosas casas, que por cierto, ni siquiera tuvieron el decoro
de construirse, se pasean en yates de recreo, comprados en el mercado
internacional con el dinero del pueblo, o confiscados a traficantes de
drogas que entraron en las aguas cubanas.
Muchos de estos personajes
derrochan los recursos de la nación para complacer a ex esposas o a ex
compañeras sentimentales.
Las manos de Fidel Castro, el alfarero que pretendió ser, contaminó
el barro con sangre, y esos jóvenes que imaginó formar, de alguna
manera, los deformó. Bajo su égida distorsionada y pútrida, jamás logró
ser maestro ni modelo para alguien. Tampoco habrá que esperar años de
distancia para usarlo como símbolo de muerte y miseria.
Su egoísmo y astucia caudillista le hizo olvidar la historia real, no
la que él ha intentado tergiversar y manipular a su antojo, sino la voz
de pueblo que es quien en definitiva juzga y escribe las páginas de los
libros futuros, aunque el miedo ante el terror impuesto evite,
momentáneamente, que ese pueblo le grite tirano.
* Escritor residente en La Habana. una de las más prominentes voces de la literatura cubana actual. Su libro de cuentos Dichosos los que lloran ganó el premio Casa de las Américas en el 2006. Es autor del blog Los hijos que nadie quiso. Actualmente enfrenta un proceso legal, con petición de 15 años de cárcel.
El canciller Felipe Pérez Roque (izq.) y el vicepresidente Carlos Lage, defenestrados en el 2009.
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