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miércoles, 27 de julio de 2011

Dieterich se burla de la ley anti-inflación impuesta por Giordani y sus locos alucinados


                         
Heinz Dieterich, el otrora admirado mentor de los rojos revolucionarios hoy repudiado por sus crudas críticas a esa farsa -como el mismo lo ha calificado- del Socialismo chavista del siglo XXI, destroza el adefesio de la llamada Ley de Precios Justos en su página de Kaosenlared.net.

Algunos de sus conceptos demoledores contra el profesor y ministro  Jorge Giordani -ahora convertido en vociferante y grosero charlatán de mítines contra la oposición democrática repitiendo una vez más la posición de los empresarios en el fallido golpe de estado del 2002- son dignos de estudio y análisis. Como charlatanes equivocados, alucinados, con sus fantasmagorías ofreciendo milagros anti inflacionarios, define Dieterich a quienes montan tremendo desaguisado.

Copio tres de los párrafos de su artículo para más abajo, luego del artículo de Eduardo Semtei referido a la misma Ley para “por decreto bajar la inflación”, reproducirlo en su totalidad:
A-“Las alucinaciones de la mente humana son generalmente asuntos de psiquiatras o negocios de teólogos; pero la nueva “Ley de Costos y Precios Justos” demuestra que en Venezuela forman parte de la cartera del gabinete económico”.

B- “Los espejismos resultantes de Miraflores fueron el “dinero comunal” y las “Comunas”, dos auténticos monumentos al diletantismo económico. Como todas las ilusiones, la realidad se encargó rápidamente de enterrar aquellos productos del fetichismo monetario. Ahora, el gobierno lanza un nuevo exorcismo tropical para acabar con la mala realidad capitalista: el precio justo. Convierte a Miraflores en el Vaticano de la ciencia económica, canonizando lo que no existe y prometiendo al pueblo un milagro antiinflacionario que sólo existe en sus fantasmagorías. Mientras tanto, el Ángel caído de la cruzada antiinflacionaria sigue desaparecido de la escena pública. Dios crucificó al Luzbel Samán, “portador de la aurora” – a petición de la casta divina mantuana”.

C- “A la luz de ese paradigma científico-ético queda claro que la “Ley de costos y precios justos” en Venezuela no es más que un simulacro de combate a las “ganancias excesivas” del capital, como fue la promesa, que Samán iba a regresar en una función revolucionaria “más importante”.

La fase de transformación real progresista de la Revolución ha terminado.Ahora se ocupa de la construcción de códigos legales para fantasmas y de promesas que sabe que no va a cumplir”.

Y eso que no supo Dieterich que Eduardo Semtei en El Nacional de apenas el lunes 25 de julio publicaba un artículo dando a conocer que esa estúpida ley de costos era la segunda vez que un gobierno la aprobaba. Su título:

Una ley estúpida repetida dos veces


El Congreso de la República (hoy Asamblea Nacional) aprobó, el 28 de junio de 1984, la Ley que Crea la Comisión Nacional de Costos, Precios y Salarios publicada en Gaceta Oficial 33011.

El 2 de julio de 1984. Sus objetivos: mejorar la productividad y la producción de bienes y servicios; tender al equilibrio general de precios; mejorar el salario real de los trabajadores; declarar cuáles productos eran de primera necesidad y establecer que la fijación y modificación de los precios máximos de venta al público de tales productos era atribución exclusiva de la Comisión Nacional de Costos, Precios y Salarios, ahora, en el chavismo puro, es llamada (el mismo parapeto) Superintendencia Nacional de Costos y Precios; perseguía también el cálculo y la determinación de los costos normales de producción y distribución, y finalmente lo relativo a la situación financiera, la eficiencia y la rentabilidad. 17 años y 6.700 gacetas después, el chavismo dicta la misma estúpida ley.

Casi dos décadas pasaron para que el presidente Chávez firmara un clon penoso, un adefesio inútil y abstruso, inaplicable y engañoso, igual al de Lusinchi. Qué barbaridad. Qué copión. Qué inútil.

Qué segundón. Qué adeco. La Ley de Costos y Precios Justos de los rojos rojitos apareció en la Gaceta Oficial 39715 del 18 de julio de 2011. Esta versión lusinchista viene rodeada de galimatías y una jerigonza marxista atrasada. Los premios Nobel más izquierdosos no digamos se asombrarían, sino que temblarían de arrechera al saber que un gobierno, como el chavista, se atreve a declarar por decreto presidencial una reducción total de la inflación.

Son tan osados los dementes que dirigen y guían la economía venezolana en este tiempo de odios endógenos y protagónicos que pretenden, casi nada, llevar la inflación a cero, sí, como lo oyen, a cero, mediante controles, sanciones, decretos, investigaciones, cierre de empresas, multas.

En la ley original de Lusinchi estaban bajo supervisión cerca de 150 productos de primera necesidad. En la ley Lusinchi II (Hugo Rafael) están controlados todos-toditos los productos. Alrededor de 500.000.

Si cada producto requiere de un estudio técnico para determinar su precio justo, su precio normal, su ganancia razonable, y cada técnico necesitase 2 días para recabar la información, hacer la inspección, los cálculos y presentar su informe, estaríamos hablando de 1.000.000 de días.

Si este Gobierno patrañero dice que la Superintendencia Nacional de Costos y Precios tardará 6 meses (150 días hábiles) en fijar los precios justos de la “economía” habría que contratar de urgencia cerca de 6.500 especialistas, dado que cada uno puede examinar 75 productos en 6 meses.

Toda esta argumentación simplemente es para demostrar que “el palabreo del loco Luz Caraballo” es otra mentira. Como la vivienda. Como la reforma hospitalaria. La jerga marxista utilizada en la defensa de esta Ley de Costos y Precios Justos habla de la acumulación del capital; la explotación del pueblo; la estructura productiva y las relaciones socio-productivas. Marta Harnecker a millón. Giordanismo puro.

Dicen que van a mantener la estabilidad en los precios. Embuste. Van a determinar las ganancias excesivas, los precios excesivos y los precios justos. Mentira. Les da participación a las comunas en todo este asunto, claro que sólo a aquellas aprobadas y autorizadas por el Gobierno. Terrorismo de Estado. Dicen que aplicarán modelos estadísticos. Ficción. Regresa el precio máximo de venta al público de Lusinchi.

Copiones. Establece un régimen de miedo con multas, cierres, ocupaciones, comisos.

Violencia institucional. Ahora una adivinanza difícil: ¿Hacia dónde cree usted que nos conduce este vainero, precisamente ahora con el hombre enfermo?
Este es el artículo de Heinz Dieterich donde tumba, con argumentaciones de la propia izquierda, el adefesio de Giordani y Jaua:

Milagro económico en Venezuela


El gobierno venezolano acaba de hacer un milagro económico legislativo: en el Decreto 8.331 reglamentó con ochenta y ocho artículos algo que no existe: el precio justo de la economía de mercado.

Heinz Dieterich

1. Miraflores: el Vaticano económico

El gobierno venezolano acaba de hacer un milagro económico legislativo: en el Decreto 8.331 reglamentó con ochenta y ocho artículos algo que no existe: el precio justo de la economía de mercado. Las alucinaciones de la mente humana son generalmente asuntos de psiquiatras o negocios de teólogos; pero la nueva “Ley de Costos y Precios Justos” demuestra que en Venezuela forman parte de la cartera del gabinete económico.

2. Luzbel y el “dinero comunal”

Ya, en 2008, la Ley Habilitante sobre el Fomento de la Economía Popular nos había advertido que la Escuela de Teología Económica Bolivariana (ETEB) se había apoderado del Palacio de Miraflores. Para acabar con el capitalismo, aquella ley legisló sobre lo que los economistas clásicos llamaron el “velo monetario” y Marx el “fetichismo del dinero” (Geldfetischismus): la quimera que el valor económico reside en el dinero y que la explotación se debe a la existencia de éste. Los espejismos resultantes de Miraflores fueron el “dinero comunal” y las “Comunas”, dos auténticos monumentos al diletantismo económico.

Como todas las ilusiones, la realidad se encargó rápidamente de enterrar aquellos productos del fetichismo monetario. Ahora, el gobierno lanza un nuevo exorcismo tropical para acabar con la mala realidad capitalista: el precio justo. Convierte a Miraflores en el Vaticano de la ciencia económica, canonizando lo que no existe y prometiendo al pueblo un milagro antiinflacionario que sólo existe en sus fantasmagorías. Mientras tanto, el Ángel caído de la cruzada antiinflacionaria sigue desaparecido de la escena pública. Dios crucificó al Luzbel Samán, “portador de la aurora” – a petición de la casta divina mantuana.
           3. La quimera del iustum precium
La idea del precio justo en las relaciones mercantiles ha sido debatida en todas las culturas y en todos los tiempos, desde el advenimiento de la crematística (economía usurera) hace cinco mil años. Por dos razones, ninguno de los debates ha resuelto el problema: a) no hay iustum precium en economías mercantiles, es decir, el concepto no tiene un correlato empírico en la realidad; es una proyección fantasmagórica como Dios o el Santo Espíritu; b) sólo puede ser solucionado con la metodología de la ciencia contemporánea.
4. La naturaleza lógica de los precios mercantiles

Los precios de la economía de mercado, que se conforman de costos y ganancias, siempre son resultados del poder y de los intereses económicos, políticos, culturales y militares, que tienen los agentes económicos involucrados: desde los salarios, el interés bancario y la renta de la casa, hasta el precio del pan y las acciones bursátiles.

La calificación de esos precios como altos, bajos, justos o injustos, resulta de la percepción y evaluación subjetiva de cada agente económico (trabajador, consumidor, empresario). El precio justo es, por lo tanto, un constructo moral de la mente humana, estratificado por sus condiciones objetivas, pero no una medición objetiva de una propiedad de un fenómeno real. No es un dato objetivo de la realidad, como el “peso” o la distancia, sino un juicio moral o una variable subjetiva, determinada por personas, grupos (directores, accionistas, sindicatos) y el Estado. Se puede ordenar esos juicios subjetivos en agregados y medias estadísticas, pero, no por eso se convierten en datos objetivos. Tratar de encontrar o definir un precio objetivamente “justo” en una economía de mercado es, por lo mismo, una imposibilidad metodológica. Insistir en este empeño y, lo que es más, legislar sobre él, es una manifestación de ignorancia científica y tontería económica.

5. Requisitos metodológicos de una solución científica

El problema de la justicia económica y del precio justo sólo puede resolverse mediante una secuencia de tres pasos: a) saliéndose de la “ilusión monetaria” (John M. Keynes) y su expresión subjetivista, los precios; b) cuantificar objetivamente las aportaciones económicas de cada ser humano, tanto aquellas que son realizadas directamente en la producción, circulación y distribución, como las indirectas (educación); c) garantizar la retribución y el intercambio equivalente.
           6. La solución del Socialismo del Siglo XXI
La solución científica y ética del problema de la justicia económica y, por lo tanto, del fin de la sociedad de clases, es el procedimiento trifásico esbozado arriba. Este procedimiento es la base metodológica de la economía del Socialismo del Siglo XXI. Arno Peters, el fundador del paradigma de la economía de equivalencia, dio los pasos decisivos al respeto, combinando la teoría del valor de la Economía Política con la teoría de la equivalencia.

La unidad de medición objetiva (o intersubjetiva) que usó, fue el concepto de valor, cual tiempo de trabajo realizado (time inputs). Con esta cuantificación objetiva de la actividad económica, todos los trabajos humanos se volvieron conmensurables. Si sobre esta base de cuantificación objetiva se pretendía ejercer una retribución justa, se tenía que encontrar un estándar de medición de la justicia tan objetivo como él del valor. Peters lo encontró en el teorema de la equivalencia entre calor y trabajo (1. Ley de la termodinámica), del físico alemán Julius R. Mayer (1841).

Usando este teorema interdisciplinariamente, Peters postulaba que la retribución del trabajador era justa, cuando la canasta de bienes y servicios (“salario”) que recibía por su jornada laboral, representaba el mismo valor (horas de trabajo) que las horas de trabajo social que había realizado. No hay explotación (injusticia) en esa relación: el valor del trabajo aportado a la sociedad es igual (equivalente) al valor recibido en la remuneración (canasta). No hay plus valor, es decir ganancia, es decir, explotación laboral.

7. Con la ciencia y los pueblos

Ese paradigma económico del Socialismo del Siglo XXI coincide con el de Marx, formulado en la Crítica al Programa de Gotha: los trabajadores deben recibir el pleno valor de su jornada de trabajo, menos los fondos sociales decididos democráticamente por los ciudadanos. Coincide también con el Programa de Transición al Socialismo del Siglo XXI en la Unión Europea, que la Tricontinental del Socialismo del Siglo XXI presentó el año pasado en Berlín, con destacados científicos europeos, latinoamericanos y asiáticos.A la luz de ese paradigma científico-ético queda claro que la “Ley de costos y precios justos” en Venezuela no es más que un simulacro de combate a las “ganancias excesivas” del capital, como fue la promesa, que Samán iba a regresar en una función revolucionaria “más importante”.

La fase de transformación real progresista de la Revolución ha terminado. Ahora se ocupa de la construcción de códigos legales para fantasmas y de promesas que sabe que no va a cumplir.
Tomado de: http://www.kaosenlared.net/noticia/milagro-economico-en-venezuela

http://runrun.es/runrunes/22597/dieterich-se-burla-de-la-ley-anti-inflacion-impuesta-por-giordani-y-sus-locos-alucinados.html
 
 

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