Marcos R. Carrillo P.
El desprecio por el ciudadano venezolano por parte de la banda que detenta el poder no admite ya disimulo alguno. No hay decoro en sus excusas y cada día que pasa la podredumbre sigue apoderándose del país.
Lo verdaderamente importante, sin embargo, es lo que no se ve. Lo de los contenedores con comida podrida es sólo una "muestra gratis" de lo que realmente sucedió. La conducta del Gobierno y sus cómplices no es nueva, siempre han actuado de la misma forma. De allí que, la importación de comida podrida o con fecha de vencimiento cercana debe haber sido una práctica extendida desde la creación de Mercal, Pdval y todas sus variantes. Es decir, han pasado años enterrando, quemando o escondiendo su vileza, que ahora siguen encubriendo con el procedimiento abierto a un implicado de bajo rango que evita la investigación a los cerebros de la operación de hambruna sembrada desde el Gobierno.
Pero el tema de los contenedores es apenas uno entre muchos otros que se han pretendido ocultar con el mismo fervor: se sabe que la maleta de Antonini fue sólo una de muchas otras; se tapa la verdad sobre Pdvsa, no se sabe cuánto ha dejado de producir, se maquillan sus estados financieros, se esconde el deplorable mantenimiento de sus instalaciones; se encubre la verdadera medida de la invasión cubana; se adorna el descalabro financiero y se falsean las estadísticas para que no se sepan los fracasos relativos al desempleo, la pobreza y la inflación; se prohíbe que se nombre el precio del dólar negro, que es el único que verdaderamente existe.
Lo que se sabe del intergaláctico saqueo a que se ha sometido al país seguramente es "apenas el 1%", como diría Esteban. Es cuando salgamos de este oprobio que se sabrá que los contenedores podridos no llegaban de Caracas a Tejerías sino a San Cristóbal, que tal vez no se trató de una maleta de dinero sino de otro contenedor lleno de dólares, que regalamos mucho más petróleo a Cuba de lo anunciado y que los cubanos no sólo mandaban en la Fuerza Armada sino en lo más íntimo de la psiquis del hijo putativo de Fidel.
Los comunistas totalitarios actúan siempre tras bastidores, subrepticiamente, de espaldas a la ciudadanía, ocultos tras la oscuridad que resguarda a los criminales. Este tipo de regímenes está reñido con la transparencia, los controles y la obligación de rendir cuentas inherente a toda democracia. Es esta la verdad de lo que sucede. Lo que se sabe es nauseabundo, pero la fetidez de
Lo verdaderamente importante, sin embargo, es lo que no se ve. Lo de los contenedores con comida podrida es sólo una "muestra gratis" de lo que realmente sucedió. La conducta del Gobierno y sus cómplices no es nueva, siempre han actuado de la misma forma. De allí que, la importación de comida podrida o con fecha de vencimiento cercana debe haber sido una práctica extendida desde la creación de Mercal, Pdval y todas sus variantes. Es decir, han pasado años enterrando, quemando o escondiendo su vileza, que ahora siguen encubriendo con el procedimiento abierto a un implicado de bajo rango que evita la investigación a los cerebros de la operación de hambruna sembrada desde el Gobierno.
Pero el tema de los contenedores es apenas uno entre muchos otros que se han pretendido ocultar con el mismo fervor: se sabe que la maleta de Antonini fue sólo una de muchas otras; se tapa la verdad sobre Pdvsa, no se sabe cuánto ha dejado de producir, se maquillan sus estados financieros, se esconde el deplorable mantenimiento de sus instalaciones; se encubre la verdadera medida de la invasión cubana; se adorna el descalabro financiero y se falsean las estadísticas para que no se sepan los fracasos relativos al desempleo, la pobreza y la inflación; se prohíbe que se nombre el precio del dólar negro, que es el único que verdaderamente existe.
Lo que se sabe del intergaláctico saqueo a que se ha sometido al país seguramente es "apenas el 1%", como diría Esteban. Es cuando salgamos de este oprobio que se sabrá que los contenedores podridos no llegaban de Caracas a Tejerías sino a San Cristóbal, que tal vez no se trató de una maleta de dinero sino de otro contenedor lleno de dólares, que regalamos mucho más petróleo a Cuba de lo anunciado y que los cubanos no sólo mandaban en la Fuerza Armada sino en lo más íntimo de la psiquis del hijo putativo de Fidel.
Los comunistas totalitarios actúan siempre tras bastidores, subrepticiamente, de espaldas a la ciudadanía, ocultos tras la oscuridad que resguarda a los criminales. Este tipo de regímenes está reñido con la transparencia, los controles y la obligación de rendir cuentas inherente a toda democracia. Es esta la verdad de lo que sucede. Lo que se sabe es nauseabundo, pero la fetidez de
lo que todavía se esconde es de una repugnancia tal que es difícil de imaginar… por ahora.



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