VIVA VENEZUELA LIBRE!!!!!!

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domingo, 29 de marzo de 2009

Por peso, como el queso paisa, vendieron 62.262 libros para convertirlos en papel toilette


La destrucción de la cultura

”Entre 2007 y 2008 fueron vendidos por peso 62.262 libros desechados de las bibliotecas del estado Miranda, para convertirlos en pulpa de papel. Mientras enviaban al molino títulos fundamentales, incorporaban la Sección Ideológica, con material dedicado a la revolución bolivariana”.

Los dos tomos tapa dura de las Obras Completas de Rómulo Gallegos, editadas por Aguilar en 1959, pesan 1,2 kilogramos. Eso, a 0,35 bolívares fuertes por kilo ­que es lo que paga una fábrica que desmenuza libros para venderlos como pulpa suma 0,42 bolívares: las piezas más emblemáticas de la memoria cultural venezolana no valen ni un bolívar en el mercado del reciclaje de papel. Por peso, como el queso paisa, se vendieron no sólo muchos ejemplares de la obra de Gallegos, sino los de miles de autores que entraron en la lista de descarte de material de las 36 bibliotecas del estado Miranda que, entre 2007 y 2008, elaboró el Instituto Autónomo de Bibliotecas e Información de Miranda, Iabim, mientras Diosdado Cabello era gobernador. En total, sumaban hasta mediados de esta semana 62.262 libros, pero las auditorías continúan.

“Al que llegue le compramos”, es claro Carlos Montecristo, encargado de la Recuperadora 31-35 en El Tambor. El hombre describe su trabajo de disección:
“Nos traen los libros y los rompemos para sacarles la pega y la portada. Seleccionamos el material, lo embalamos y lo mandamos al molino”. A esa empresa devoradora de letras llevaron los textos que sacaron de las bibliotecas mirandinas. “Sí, los que venían eran de la gobernación, pero nosotros sólo los conocíamos de vista”, advierte Montecristo. El destino final es la fábrica Repaveca, en Maracay, donde, entre otros productos, elaboran papel higiénico y servilletas reciclados.

La operación de destrucción de libros un bien caro y escaso en este país quedó registrada en actas de auditoría, todas apiladas en cajas de cartón en la oficina de la presidencia del instituto, a las que les anexaron los cheques y los comprobantes de los depósitos por el monto que la Recuperadora 31-35 pagó a la institución del Estado.

Desincorporar y descartar libros es un proceso natural en la renovación de cualquier biblioteca pública. Es, sobre todo, un asunto de criterio. Por eso es que, en ese tema, todo está normado, escrito y soportado por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional.

Mientras el escritor Fernando Báez fue su director, en 2008, se actualizó el manual Descarte y Desincorporación de Materiales Bibliográficos en las Bibliotecas Públicas, a partir de uno ya existente. En el caso de Miranda, el problema está, precisamente, en el criterio irregular para desechar decenas de miles de obras y traer unas pocas a los estantes. No pertinente, excedente y mal estado fueron los tres juicios más comunes y muchas actas no especifican las razones del descarte.

En la lista hay de todo: religión, historia, literatura, política, material braille, textos infantiles. El número de ejemplares representa 15% de los 401.000 libros que, según el Iabim, quedan en el estado, aunque debería haber 2.000.000 para atender a la mayoría de la población. Si buena parte del lote desechado se encontraba en un estado irreparable, entonces los sistemas de conservación de las salas públicas están en situación de catástrofe.

Libros que sobran:
En San Diego de los Altos, a pocos metros de la casa donde nació el escritor Cecilio Acosta, está la Biblioteca Juana Margarita Revete, llamada así por la madre del humanista. El lugar sólo tiene una sala de recatadas dimensiones, con unos pocos mesones rodeados de niños con uniforme escolar, recién salidos de clases. Allá van a parar todos a hacer sus tareas porque en sus casas rurales el dinero se agota en la comida y no da para el alimento de la lectura.

Del modesto lugar descartaron 1.213 libros, en septiembre de 2007 y julio de 2008. El acta especifica el motivo: excedente de material. Aunque ése es uno de los criterios aceptados para descartar, Emilia Martínez, la jefa actual de la biblioteca, se pregunta: “¿Cómo puede sobrar un libro en un sitio como éste? Si aquí, cuando le mandan a hacer un trabajo a un niño, se lo piden a todos los del salón y más bien nos hacen falta”.

El manual advierte que la transferencia o donación a otras salas de la red o el canje con otras instituciones en caso de que haya repetición excesiva de un ejemplar, son opciones que se evalúan antes del descarte definitivo, así como el retiro provisional a la unidad de preservación y conservación.

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