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sábado, 26 de septiembre de 2015

Capitana Laided Salazar dibuja en papel su día a día en la cárcel de Fénix

Capitana Laided Salazar dibuja en papel su día a día en la cárcel de Fénix 

Laided Salazar cambió el uniforme de capitán de aviación, para ponerse el que usan las reclusas de la Comunidad Penitenciaria de Fénix (Lara). Le dieron de baja y colgó el corbatín negro, la camisa de cuello y la clásica chaqueta de paño azul con sus tres estrellas; para vestir un mono y una franela de algodón, como si se tratara de un uniforme escolar, pero de color rosado.

Condenada a ocho años y siete meses por los delitos de instigación a la rebelión y faltas al decoro militar, es la única mujer de un grupo de nueve oficiales detenidos en mayo de 2014, acusados de planear un golpe de Estado y un supuesto bombardeo a varios edificios estratégicos de Caracas, incluyendo el Palacio de Miraflores, según denunció el presidente Nicolás Maduro.

Salazar tiene un hijo de 11 años al que vio por última vez hace más de cuatro meses, el día de la madre, cuando aún no había sido trasladada del Instituto Nacional de Orientación Femenina (Inof), el tercer lugar en el que estuvo detenida. Luego del traslado a Lara no se ha repetido el encuentro. En el anexo de Fénix no permiten las visitas de niños; ni siquiera el ingreso de cartas que escriben y envían con otros familiares, cuenta Ana Teresa de Salazar, madre de Laided, quien es docente jubilada. Las visitas de los familiares son una vez al mes.


La rutina


Laided está en aislamiento, por órdenes superiores. Se levanta a las 6:00 am, cuando una custodia le toca la puerta de su celda para entregarle dos tobos de agua que debe rendir para varias cosas: ir al baño, cepillarse los dientes, bañarse, lavar su ropa y lavar el plato en el que come. Durante unos meses, a los familiares los obligaban a llevar todos los martes a sus reclusos una vianda con diez arepas, diez panquecas y diez catalinas, ni una más, ni una menos. “Nos decían que estaban teniendo problemas con los alimentos y que nosotros teníamos que contribuir de esa manera. No quedaba de otra, era eso o que no comiera. Pero las cosas cambiaron hace poco, nos dijeron que por órdenes de la ministra Iris Varela, ya no lleváramos más comida”, señala la madre.


La capitana pasa la mayor parte de su tiempo leyendo, hasta las 6:00 pm, cuando le ordenan apagar la luz. Si no tiene la mirada clavada en algún libro, está dibujando. Su entorno y el lugar en el que está encerrada quedaron plasmados en varias hojas que compartió con Efecto Cocuyo.

 
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Dibujo de la celda de Laided Salazar, hecho por ella misma

Ese plano corresponde a su celda, la tercera de un pasillo de cuatro puertas. Es calurosa y pequeña, con 2 metros de ancho y 3 de largo. Tiene dos ventanas con pequeñas hendiduras por las que entran los zancudos y muy poca ventilación. Allí debe guindar la ropa cada vez que la lava, en un pequeño baño que está muy cerca de su cama de cemento, sobre la que yace una colchoneta que le llevaron sus familiares y que ya está desgastada. Cuando hace demasiado calor, la coloca en el piso –también de cemento- cerca de la rendija de la puerta de hierro, para que le entre algo d ha pasado muchas noches.

Cerca de la cama reposan las pocas pertenencias que tiene: franelas, monos deportivos, toallas, ropa interior y medias, que deben ser blancas por órdenes directivas. Todo corre por cuenta de la familia, hasta ese uniforme que es norma en algunos penales venezolanos desde enero de 2014, cuando la ministra Varela inauguró el llamado “nuevo régimen penitenciario” que establece, entre otras cosas, que las mujeres vistan de rosado y los hombres de amarillo.

De cada prenda de vestir sólo tiene tres, pues no le permiten más. Sus libros y algunos utensilios y productos de aseo que le llevan en cada visita también comparten ese espacio. “Bueno, cuando llegan. Una vez le mandamos toallas sanitarias y nunca se las dieron, varias veces le hemos mandado detergente y no se lo dan, se lo quedan las custodias quizás por la necesidad y la escasez de los productos regulados. Por eso ella me dice que cuando le mande detergente en polvo, se lo ponga en una bolsita y no le mande todo, por si acaso”.

El baño no tiene poceta sino una especie de letrina sobre la que debe depositar el agua que administra durante el día, casi con medidas exactas, dice la madre de Laided: “Ya aprendió a bañarse con medio tobito, para que le alcance el agua para el resto de las cosas. Con el agua potable sí le ha costado, porque la que tiene es la que nosotros le llevamos en las visitas, en un botellón de cinco litros”.

Laided es odontóloga egresada de Universidad Central de Venezuela. Un año después de terminar el pregrado, en 2002, se asimiló en la Fuerza Aérea Venezolana. Antes de ser detenida, prestaba servicio en la Academia Técnica de la Aviación Militar en Maracay. “Ella por ser militar sabe lo que es pasar trabajo, pero un día me dijo: ‘Mami, nunca había experimentado lo que era acostarme con sed, ni cuando me asimilé”.


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El pasillo al que salen a recibir las tres comidas diarias también ha sido sala de cine en dos oportunidades, rememora: “Una de esas veces, la custodia de turno tenía para escoger entre dos películas, una de adoctrinamiento político e ideológico que no recuerdo el nombre, era como un documental y otra de comiquitas. Prefirió ponerlas a ver a los Minions”.

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Otro de los dibujos recientes de Laided es un retrato del patio de aislamiento, al que le permiten salir una hora todos los días a hacer ejercicio. No puede trotar, porque es un espacio pequeño que se agota en el paso 63, así que se limita a caminar. Y éste es quizás uno de los factores que más angustia a su madre: “De todos los del caso, mi hija es la que más leña ha llevado. Los otros militares están en anexos especiales, tienen más fácil y seguidas las visitas y sus hijos pueden ir a verlos. La que menos tendría que ver con esa loca conspiración de la que los acusan es Laided. Ella ni siquiera tenía mando de tropa”.


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Detalle del patio de aislamiento. Son 63 pasos por 13
Padrino López y el “Golpe Azul”

“Ellos decían que esta era la semana decisiva para generar un golpe de Estado en Venezuela”, dijo el presidente Nicolás Maduro desde el Palacio de Miraflores, en Caracas, el 25 de marzo de 2014, cuando recibió a la comisión de cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

En esa alocución, el mandatario nombró a tres generales de brigada y anunció que ya estaban detenidos: Oswaldo Hernández, José Machillanda y Carlos Millán. Estos dos últimos fueron sobreseídos cuando culminó el juicio. Tras el anuncio de Maduro, también fueron detenidos el coronel José Gregorio Delgado, el teniente coronel Ruperto Chiquinquirá, el mayor César Orta Santamaría y los capitanes Juan Carlos Nieto Quintero, Neri Córdova, Andrés Thomson Martínez y Laided Salazar. Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional (AN), en declaraciones posteriores, aseguró que le llamaban “Golpe Azul” u “Operación Jericó”.


Antes de llegar al penal larense, Laided pasó primero por la Dirección General de Inteligencia Militar (DIM), en Caracas; luego por la cárcel de Ramo Verde y después por el Inof, en Los Teques. Su abogado y hermano, Carlos Javier Salazar, denuncia que nunca la han trasladado con orden judicial por escrito.

“Cuando se la llevaron a la DIM fue bajo la excusa de un interrogatorio, incluso le dieron un oficio que decía que la estaban trasladando a prestar servicio ahí, temporalmente, donde estuvo casi un mes. Hasta la ministra de Defensa, que en aquel entonces era Carmen Meléndez, fue a visitarla con un organigrama del supuesto Golpe Azul. Allí había fotos de todos los opositores pesados, María Corina Machado, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, Leopoldo López, un montón de generales y hasta el propio ministro de la Defensa actual, Vladimir Padrino López. Carmen Meléndez no fue a ayudarla, le decía que tenía que declarar, le preguntaba si ella sabía algo de eso, que cuál era su relación con los estudiantes, le decía que reflexionara y que pensara en su hijo, que si declaraba en contra de esos señores la iban a dejar en libertad. Pero su respuesta fue que ella no iba a culpar a gente inocente para salvar su pellejo”, relata su defensor.

El juicio, que comenzó el 25 de febrero de 2015 y que duró dos meses, tuvo “incontables irregularidades”, denuncia el abogado Salazar: “Fue una sentencia ordenada, un juicio inquisitorial, una locura jurídica, pues la Fiscalía promovió un aproximado de 66 pruebas y testigos, entre los cuales, solamente tres, que fueron los “testigos estrellas”  acusaron a estos oficiales de haber realizado reuniones con el fin de conspirar contra el gobierno”.

Dos de esos testigos fueron los pilotos que perdieron la vida  el pasado 17 de septiembre, a bordo de un Sukhoi-30 que se estrelló en Apure. “A los militares los acusaban de que iban a bombardear Caracas y unos edificios con unos aviones. Cuando la Fiscalía presentó a estos dos expertos para que dijeran en el juicio si estos militares tenían posibilidad de volar esos aviones que estaban en Lara, ellos solos sin ayuda, para dar un golpe de Estado, dijeron que no, que para artillar un avión para una rebelión se necesitaban 14 personas y ellos eran ocho. Todo esto es un vil montaje”, señala el abogado.

El defensor asegura que ha recibido llamadas con amenazas por las constantes denuncias que hace sobre el caso: “Me dicen que deje de hablar con la prensa, que me van a joder si sigo hablando. A pesar de las amenazas no vamos a dejar de denunciar esta injusticia”.
Surgió la vena política.

Fue hace poco que las custodias de la cárcel de Fénix supieron que el partido Movimiento Al Socialismo (MAS) había postulado a Laided como candidata a la AN para el circuito 1 de Aragua, que incluye los municipios Girardot, Mario Briceño Iragorry y Costa de Oro.
“¡Esooo, capitana! Se lo tenía guardadito”, le dijo una de ellas, cuenta su madre. Cree que por su candidatura y por las constantes denuncias y quejas públicas que han hecho entre todos los familiares, el trato que le dan en el penal ha cambiado. “Ahora le dan más comida, la atienden mejor. Hasta la semana pasada lo que le daban en el almuerzo, por ejemplo, era un puño de arroz y tres pedazos pequeños de carne, chiquitos como la uña de un dedo pulgar. Eso sí, desde siempre, cada vez que le dan comida le toman fotos”.

La candidatura, que ya tiene paredes tomadas en Maracay, fue una opción que no pudieron rechazar, explica la madre: “Lo pensamos bastante porque no fue una propuesta nuestra, sino que ellos nos llamaron y nos preguntaron. Nos pareció una de las mejores vías, incluso viniendo de ellos y no de Voluntad Popular, que nos hubiese gustado más”. Y el abogado explica por qué: “Laided no está inhabilitada y si gana una curul en la Asamblea, obtiene inmunidad parlamentaria y debe ser liberada para asumir su cargo político. Ella está condenada en primera instancia, aunque no han procesado la apelación que introdujimos”.

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La madre de Laided no entiende porqué cuando trasladaron a su hija a Ramo Verde, la asignaron en el mismo edificio en el que estaba Daniel Ceballos, exalcalde de San Cristóbal y en el que aún está Leopoldo López, líder del partido opositor Voluntad Popular.
“¿Por qué ponen a un militar con unos políticos? Yo no entiendo. Ellos se conocieron en ese momento, no antes como quieren hacer creer. Evidentemente ahí en la prisión nació una amistad. En las visitas compartíamos la comida, hablábamos, una vez hasta le cantamos cumpleaños a Manuela, la hija de Leopoldo. Laided me cuenta que ella vio cuando a estos dos políticos les lanzaron excremento para torturarlos, eso pasó de verdad. Ella se portó muy bien con ellos y me imagino que cuando vieron que se estaban haciendo muy amigos, porque mi hija cuando cocinaba para ella cocinaba para todos, llegó la orden de traslado. En el Inof no fue tan traumático como ahora y aquí, sin duda, quien más sufre es mi nieto”, agrega la señora de Salazar.
“Cada vez que vamos a visitarla le llevamos libros porque a ella le gusta mucho leer, sobre todo cosas de autoayuda de Paulo Coelho. Pero en esos libros no puede haber nada adicional entre sus páginas, hojas sueltas, porque los revisan página por página antes de entregárselos. Ni siquiera nos han dejado pasarle cartas de su hijo, dibujos que le ha hecho. Él la extraña mucho. Aunque ella me jura que nunca ha sido víctima de violencia física, sí ha sido torturada de otra forma. Esas restricciones, por ejemplo, es una forma de torturar a alguien”, señala la madre de la capitana.
Estuvo un mes en aislamiento al llegar a Barquisimeto, desde el 26 de mayo hasta el 26 de junio. Todos los nuevos reclusos pasan por este proceso para que tengan un “tiempo de reflexión”.  Luego de un tiempo de compartir con el resto de las privadas de libertad, una comisión especial de militares fue a visitarla para constatar cuáles eran las condiciones en las que se encontraba.
“Pero cuando la directora del penal, Zully Dávila, se enteró de que unos militares la habían ido a visitar, se molestó. Es lo que me cuenta ella (Laided), que la directora le dijo algo así: ‘Ay, seguro que te fuiste de sapa, ¿ellos quieren que tú estés segura? Pues segura vas a estar’ y la mandó de nuevo a aislamiento. También le dijo que no quería que le amotinara su penal. En ese momento, cuando la cambiaron de celda, no le permitieron llevarse nada de sus pertenencias, las cosas se las llevaron después. Ahí se le perdió un shampoo, papel higiénico, cosas que le habíamos llevado. No podemos saber si las mismas presas o las custodias son las responsables de eso, pero esas cosas nunca le fueron devueltas”, relata la madre.

Tras un año y cuatro meses de cárcel, lo que pide su familia es que le permitan continuar su condena en un anexo militar, como dicta la ley para estos casos. Además, todos viven en Los Teques y el traslado mensual es costoso en tiempo, dinero y logística.

La parte más difícil 

El pequeño hijo de Laided acaba de ser promovido a sexto grado, en un colegio de Los Teques, al que llegó a mitad del año pasado, pues su vida estaba en Maracay, con su mamá. “Además de que cambió de ambiente y de amigos, también tuvo que dejar el fútbol. Ahora entre todos hacemos lo que podemos para que se sienta a gusto aquí. 

Siempre pregunta por ella, que por qué no puede verla, para mí como madre y como abuela es difícil explicar todo esto. Él sufre, se da cuenta y sabe todo lo que pasa”, señala.
La semana que viene, el 30 de septiembre, Laided pasará su segundo cumpleaños tras las rejas. Sus familiares no podrán estar con ella pues ya tuvieron la visita del mes. El pasado domingo 20 de septiembre, quien entró a verla fue su hermana mayor, médico y también militar. “La vio muy flaca, me dijo que la atención médica es deficiente y que está sufriendo mucho de la columna porque la colchoneta no le hace bien”.

Ese domingo, a Laided le llevaron suficiente comida, incluso unas tajadas que expresamente pidió, pues en Fénix el plátano es el sustituto de los dulces y golosinas, que están prohibidos. Mientras tanto, cada quien sigue su vida como puede. Los familiares en la calle, exigiendo un traslado y con las expectativas puestas en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Ella, en la celda, sigue leyendo, dibujando y lavando casi a diario las pocas piezas del uniforme de presa que ahora está obligada a usar.







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