En primer lugar debo felicitarte porque a pesar de tu juventud, ya puedes decir que no te distingues por ser “la hija de…”, pues en mi caso en particular a pesar de haberte admirado como dirigente estudiantil, es ahora que sé acerca de tu relación filial con Didalco Bolívar.
La verdad es que relacioné siempre tu nombre y tu apellido con la reivindicación de la compañera del Libertador que a pesar de haber sido tan importante en su gesta heróica, jamás llevó el apellido que la consagrara como su compañera oficial.
De más está decirte que cuentas con mi solidaridad y la de mi familia en el difícil trance que atraviesas y que estás enfrentando con la actitud valiente que caracteriza a la mujer y a la juventud venezolana.
He estado viéndote en tus diferentes apariciones públicas. Más que verte, lo que he hecho es escucharte con muchísima atención. Uno de los argumentos que esgrimes con responsabilidad, es el de que en Venezuela se criminaliza a quiénes se oponen al Régimen que dicho sea de paso tu jamás apoyaste, lo que te coloca en la posición de una ciudadana con criterio propio, a pesar de que su padre ostentaba un cargo apoyado entonces por el proceso que adversaste y adversas.
A este argumento, agregas los ejemplos de quiénes han debido irse de Venezuela porque no se les respeta su derecho a la defensa, y es cuando mencionas en una especie de orden cronológico, a Manuel Rosales, Carlos Ortega, Nixon Moreno y ahora tu padre Didalco Bolívar.
Bien Manuela, he de decirte y pedirte que reflexiones acerca de este aspecto. El exilio provocado por las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Régimen de Hugo Chávez, comenzó mucho antes de Manuel Rosales y está conformado por miles de venezolanos que también se atrevieron a disentir, a cuestionar, a expresar su criterio y su opinión.
Es doloroso que para jóvenes como tú Manuela, y para muchos venezolanos, no exista en su relación de luchadores ejemplos como el capitán Otto Guebahuer. ¿Sabes que él estuvo asilado en Perú mucho antes que Manuel Rosales, Nixon, Carlos Ortega y Didalco? La desesperación económica hizo que Otto se regresara a Venezuela donde fue capturado y condenado a 17 años de cárcel que paga en Ramo Verde.
Es igualmente doloroso que en tus palabras no recuerdes a los trabajadores petroleros, nuestros trabajadores petroleros que en el año 2002 arriesgaron todo cuánto tenían por la libertad de Venezuela. De más de veinte mil que fueron despedidos, por lo menos un 10 por ciento se encuentra en el exilio porque sus hijos fueron expulsados como ratas con gases lacrimógenos de sus casas y sus escuelas, y los líderes de la Huelga Petrolera fueron y son perseguidos por la justicia revolucionaria al igual que tu padre.
¿Y nuestros militares Manuela? Esos militares que perdieron sus carreras y libertad por negarse a cumplir órdenes como las que sí ejecutan indignos como el coronel Antonio Benavides Torres. Los militares que debieron salir del país y que han recibido asilo político porque demostraron con pruebas ser perseguidos por sus ideas. Néstor González González, los oficiales Farías, el almirante Héctor Ramírez Pérez, el teniente José Antonio Colina, todos expatriados. El general Felipe Rodríguez, preso sin esperanza de justicia en la Disip. Por cierto que mencionas como perseguido al general Raúl Isaías Baduel sin recordar a quiénes él persiguió, como por ejemplo el Capitán Javier Nieto Quintero hoy también en el exilio.
Claro que no los he mencionado a todos, sólo a una muestra ínfima y desconsiderada. Porque además de ellos, las oficinas de inmigración del mundo entero están llenas de solicitudes de venezolanos que buscan refugio por haber sido secuestrados, porque algún miembro de su familia fue asesinado, o porque simplemente no consiguen trabajo ni tienen vida desde que aparecieron en la lista del inefable Luis Tascón, etc, etc, etc.
El exilio venezolano Manuela es mucho más de lo que cualquiera pueda imaginarse. No todos van a otro país a pasarla bien. Pero muchos prefieren pasar hambre a morir sin libertad.
El país Manuela, comenzó a perderse mucho antes de que Manuel Rosales saliera al exilio.
No tengo que conocerte para darme cuenta de tu fortaleza espiritual y sobre todo de tu sabiduría al referirte a la importancia de la unión familiar para superar estos momentos difíciles. Mi experiencia en el exilio ya va a cumplir los cuatro años y te garantizo que lo que dices es cierto. Es el amor de la familia lo que lo sostiene a uno en medio de las injusticias y los atropellos. Es la familia la que lo ayuda a uno a levantarse cuando se acaban las fuerzas, y cuando todos los demás se dan la vuelta creyendo que hasta aquí llegamos. Tú en este caso eres hija, y para tu padre serás la fortaleza para seguir. Porque ahora es que hay razones para seguir.
Dios te bendiga Manuela. Y nos acompañe a todos los venezolanos a llegar con bien hasta el final, que no puede ser otro que rescatar nuestro país. El final no puede ser otro que volver. Y volveremos.
Patricia Poleo
Miami, Florida
3 años y 9 meses en el exilio.


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