
Miguel Salazar en las Verdades de Miguel
MI COMENTARIO DE LA SEMANA.
A propósito de los derechos humanos.
Definitivamente todo es según el color del cristal con que se mira. Los perseguidos de ayer son los perseguidores de hoy, quién dice que no. Antes no se notaba mucho porque los acosados éramos nosotros y la solidaridad era casi subterránea, pero, estaba presente.
Ahora, muchos de aquellos por quienes hacíamos batidas y manifestaciones de todo tipo para que lograran su libertad, están hoy en el poder.
Es impresionante la frialdad que mantienen frente a la cárcel de quienes ahora han devenido en perseguidos, Si uno le pregunta a cualquiera de los revolucionarios burocratizados me responderán que se trata de golpistas y vende patrias, merecedores de calabozos pestosos.
Es toda una ironía, pero no deja de ser (aunque dramáticamente) cosa de risa.
Lo digo así porque, precisamente, a esos revolucionarios se les intentó en el pasado someter de por vida, muchos quedaron en el camino. Ahora, el prisma sobre los derechos humanos es otro.
Según ellos no hay presos políticos porque quienes ahora se hallan encarcelados desconocieron el estamento legal. ¡Vaya! El mismo argumento utilizado por los verdugos de ayer. No creo equivocarme si afirmo que los verdugos, verdugos son, ahora y siempre, y que tan solo cambian de ropa. Sé que diciendo esto no faltaran los nuevos monje acusándome de blasfemo.
Si hay alguien que supo desconocer el orden establecido ese fue Chávez, quien incluso jamás se puso a derecho estando preso en Yare. Se negó obstinadamente a ir a un tribunal porque estimaba que no le garantizaban imparcialidad. Me pregunto si los tribunales actuales le garantizan ecuanimidad a quienes ahora están presos por ir contra el Gobierno revolucionario.
Hago esta reflexión porque no puedo dejar de lado mi sempiterna solidaridad para con quienes están privados de libertad por ser fieles a sus ideas, independientemente de que yo no las comparta.
Creo que ese sentimiento me viene porque nací estando mi papá preso en las cárceles del gobierno de Pérez Jiménez. Todavía conservo un escrito hecho por mi padre en papel de bolsa de panadería: “Pajarilla volador, tu viste de su madre la sonrisa, ya que el egoísmo traidor me negaba hasta la brisa”
Tan pronto tuve uso de razón admiré a Nelson Mandela y sentí también una compasión infinita por Rudolf Hess, a quien llamaban el preso solitario de Spandau. El primero un revolucionario, el segundo un nazi. ninguna coincidencia entre ambos, salvo una insuperable: el estar privado de libertad.
En mi caso, era un niño todavía cuando mi mamá fue a dar con sus huesos a la Digepol, adonde estuvo por espacio de un año. Recuerdo que entre sus compañeras de cárcel estaba Haydee Machin (ahora diputada).
En definitivas cuentas, llevo en mi alma, como sello de marca la solidaridad para con los presos políticos. Voy más allá, soy solidario con todos los presos comunes que ahora se encuentran abandonados a su suerte (sin importarle al establishment si son inocentes o no). Fui al San Carlos y a la cárcel de Yare en innumerables ocasiones a manifestarles mi solidaridad a los presos por los alzamientos del 4F y del 27N. ciertamente, me identificaba con ellos, pero igual. en caso contrario, hubiera manifestado mi descontento con la privación de libertad.
Que digan muchos de quienes ahora gobiernan, incluyendo a Chávez. si no es cierto lo que ahora expongo. Por eso, más que indignarme, me provoca una profunda tristeza ver a los burocratizados de hoy, responder como quienes ayer los sometieron a ellos a una vida de calabozos. No se trata de acuerdos entre torturados y torturadores (como si ha podido llegar a ocurrir, no me equivoco si afirmo que en el Gobierno hay militares que formaron parte de la represión puntofijista), se trata de garantizarle el debido proceso a todos los venezolanos que por una u otra razón permanecen presos.
En cuanto a los presos políticos (que sí existen), el Gobierno bien podría decretar una amnistía, extensiva a quienes ahora se encuentran fuera de Venezuela. Esa política no está en contraposición con un Gobierno revolucionario, fundamentalmente humanista.
Allí están los casos de Eligio Cedeño y Gustavo Arraiz, presos en la Disip sin fórmula de juicio. Igual están los detenidos por los hechos del 11A.
Aprovecho también la oportunidad para referirme a las casos de los colegas José Rafael Ramírez y Leocenis García.
El primero lleva casi dos años esperando por una decisión de los tribunales; el segundo permanece detenido desde hace poco más de un año sin que se vislumbre una solución a su caso.
A Ramírez un empresario lo acusa de extorsión, a García, otro empresario (creo que ahora solicitado por los tribunales para que responda a acusaciones de narcotráfico) lo señaló por haber causado algunos destrozos en un periódico regional. A Ramírez se le sometió a la cárcel humillante como si se tratara de un peligroso delincuente y a García se le llevó a Tocuyito, uno de los más prominentes penales del infierno penitenciario venezolano.
Una amnistía general oxigenaría al proceso revolucionario, mientras, en todo caso. va para todos los presos esta estrofa de un poema de Miguel Hernández: No te hieran por la espalda. vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes”.


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